La escencia...

Consideramos al relato de una experiencia de pesca con mosca, como algo extremadamente sensorial. Desde lo visual y literario, cada salida de pesca se expresa libre de egoísmos, despojados de los espejismos de las recetas y con la permanente e inefable búsqueda de lo bueno, lo puro y perfecto.

Despuntando el alba con la marrones de Potrerillos.

Era nuestro objetivo... buscar las Marrones de Potrerillos.

Habíamos tenido varias jornadas de pesca en ese dique, pero con escuetos resultados. Existe una teoría que dice que las truchas marrones o farios, son fotofobicas, y que prefieren las horas de poca radiación solar para alimentarse. 


Potrerillos, a estas alturas... no tiene mucha vegetación sumergida, ni tampoco troncos hundidos, ni árboles que las protejan contra la  luz solar. Es por ello que las truchas marrones, preferirían las primeras y las últimas horas del día, para ir en busca de los alevinos, ninfas y crustáceos que habitan en sus riveras.

El agua es bastante transparente y la radiación solar de Potrerillos, es típica de montaña.Gran cantidad de elio exposición, ya que no existen muchas nubes. Por ello tambien, las truchas buscan las profundidades del dique para protegerse del sol.

Para poder tener algún tipo de chance en Potrerillos, decidimos llegar de madrugada...despuntando el alba, y llevar un bote para poder llegar a lugares donde no llegan muchos pescadores.


Nos juntamos a las 5:15 a.m. en casa de Javier Benegas, donde subimos la canoa a la camioneta  y partimos rumbo a Potrerillos distante a 65 km. 

A las 7:00 a.m., estábamos bajando la canoa y armando nuestras varas # 5 con líneas de hundimiento de punta, lideres de 8 pies. Utilizaríamos streamers en negro y verde oliva.

Ingresamos al agua de noche, eran las 7.30 a.m.; recién empezaba a aclarar. Remamos a velocidad. Parábamos para hacer algunos lanzamientos, hasta que logramos el primer pique, habían pasado 10 minutos desde que salimos. El pique fue fuertísimo, la tuve en la línea un momento y se logro escapar. Ahí, hicimos una serie de casteos hacia la orilla, pero no tuvimos respuestas.  Teníamos el animo muy arriba y el día prometía.


Seguimos navegando pegado a la costa. Javier logra clavar una marrón con una Woolly Bugger Olive. La trucha era muy enérgica, pegando espectaculares saltos, después buscando la profundidad del lago. Cuando la logramos tomar era una  hembra de buen tamaño, de aproximadamente de 1,3 Kilogramos.  


Tuvimos una serie de piques, de truchas mas pequeñas. Calculamos  de unos 500 a 700 gramos. Muchas de ellas con el hocico lastimado, lo  que nos hizo pensar que remueven el pedrerio del fondo o de la costa, en busca de  pancoras. Que es uno de los principales alimentos de las truchas del espejo.

Ya eran las 10:00 a.m., cuando paramos a comer algo, ya que no habíamos desayunado. Después decidimos cambiar los streamers negro y verde oliva por imitaciones de pancoras, como es la Doctor Lecter en alambre 8.
Seguimos haciendo lanzamientos desde la canoa hacia la costa. Nuestra estrategia, era posicionar la canoa paralela a la costa... a unos 20 metros y hacer lanzamientos perpendiculares a la orilla, recogiendo lentamente.

Recorrimos unas bahías y requeríos cuando Javier enganchó una trucha Marrón más enérgica que la anterior, la cual no pudo parar con el freno. El animal... busco inmediatamente la profundidad, enredándose en unos matorrales sumergidos. Tratamos de que se desenganchara pero el tippet 4 x, no resistió el embate y cedió. La trucha ganó esta pelea.


Esa mañana fue muy productiva, logramos entre los dos 12 piques y pudimos cobrar 5 truchas, todas entre 500 gramos y 1,3 kilos. Todas muy enérgicas y sanas.


Quedamos muy entusiasmados de volver muy pronto... convencidos de que al que madruga, Dios lo ayuda.

Autor: Anibal Espronceda.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Anibal Espronceda.
Protagonistas: Anibal Espronceda/Javier Benegas.
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