Dragon Spring Creek. Pescando grandes marrones en un arroyo de montaña.

Era la noche... Cuando el fuego amigo nos anunciaría el climaterio de la luna roja. Una serie de días especiales, extraños y particularmente distintos.  El tiempo en el valle, parecía por momentos estar impávido. El viento por instantes, simulaba contenerse, esperando un grito que no llegaría. Pero la oscuridad, la tranquilidad de los elementos y la runa del arroyo, nos sometían al mas exquisito de los éxtasis sensoriales. Quizás, como chamanes, recordando en cada fibra de nuestros cuerpos y alma, esa experiencia ancestral, de los tiempos en los cuales cazábamos para poder comer.

Pescando en el Valle Noble. Dragon Fly Spring Creek from BROWNTROUTARGENTINA Fly fishing on Vimeo.

Recorríamos, en la mañana temprana, centenares de kilómetros, caminos y rutas. Puñados de paisajes extraños conocidos, donde la nostalgia y el recuerdo se reunían, para darle curso a la ilusión de las horas que vendrían.  La nipona, devoraba kilómetros, dejando atrás los caseríos, los arboles y la ciudad. Así... el horizonte se teñía de ocre y verde pálido. Nos abría el desierto andino de nuestra cordillera.

A puñados de kilómetros al oeste, desde Chile, por la JJ55, se arrimaban Bastian e Ignacio, pasando leguas, esquivando quebradas, el agreste Cajón del Teno, por el Paso Vergara. Impactando de lleno,  y a desgracia de nuestra estirpe, con la extrema imbecilidad de algunos funcionarios de aduana. Desgracia, que nos retrasaría sustancialmente la hora de encuentro.

La noche se reuniría con nosotros en el refugio de Vialidad, donde celebramos el encuentro postergado. Pero la noche seria solo un pequeño paso, para recuperar fuerzas para el día nuevo. 


Cruzando el Valenzuela, nuestros caballos de acero, nos hallarían horas mas tarde. El siempre lechoso, venia crecido pero al menos... confiable. Los caminos apenas insinuados, solo aventurados a fuerza mecánica, pericia de conducción de Anibal y el irreemplazable GPS.

Horas, mas tarde, llegaríamos al corazón mismo del paisaje. El cielo parecía en perfecta comunión con la roca. Las nubes cabalgaban hacia el este, veloces. Las estepas y vegas, creaban el sitio mas bello y perfecto. El arroyo... reflejaba cada destello. 

Un arroyo de extrema sinceridad, pleno, transparente. Con tonos verdosos y profundos, que por instantes, se aceleraba.

Fue la hora de llamarnos a pescar. Cuando armamos las varas y comenzamos a subir. Los primeros tintes de la tarde se abalanzaban.

El arroyo, era mudo. Sus aguas lénticas nos desafiaban a agazaparnos para no ser vistos. Las vegas brotaban de agua y termas. Los zumbidos de Damsels y Dragons nos sugerían las plumas a atar.

Las sombras, del fondo, nos tiraban al piso. Sabíamos que algo, estaba por ahí. En lo oscuro del fondo, en lo profundo. Sin dudarlo, lance un cast corto. Una Dragon, atada en alambre #6, con un imperceptible 7x de fluoro.  Una brutal tomada me dispara la adrenalina. Pero corta el tippet y me deja con esa extraña sensación de juego perdido.



El silencio de mi camuflaje, se quiebra cuando Ignacio, pincha una bellisima Marrón de 1,8 kilogramos. Pintada y feroz, se empecinaba en hundirse entre las morrenas filosas bajo el agua. Perfecta... la devolvería al agua materna.


Consiente de mis limitaciones físicas, dado que perpetraba una vara #1, y subestimando la hechura... continué tentando a las enormes marrones que a estas alturas, se manifestaban. En esos instantes, donde se contiene el aliento y los sentidos se agudizan, diviso a dos truchas que en el fondo exploraban el spring creek. Lanzo nueva mosca, ahora con un tippet 5x y la cuelgo. Simulando la natación de una ninfa de Dragon. Tirones cortos y en pequeños ascensos hacia el veril.  Inmediatamente, la voracidad de una escondida marrón, se despierta ante mi marioneta. 



Puedo ver el ataque... como si cada segundo se triplicara. Al tenerla en su boca, se hunde e intenta volver a la seguridad del oscuro fondo. Ahí... en ese instante, levanto la Superfine, rogando a todos las fibras que resistan el embate.



La apuesta comenzaba. El arco se hacia perfecto y agudo. Intentaba recordar su resistencia en algún tipo de imagen del pasado. Pero la adrenalina me hacia el ignorante mas audaz de la escena. La trucha, luchaba hacia el fondo, y saltaba en reiteradas veces. Para aceptar el embate, intentaba cambiar el vector de la lucha, desorientando su fuerza, en minutos. Así... encallaba y se hacia a mis manos. Unos 1,400  kilogramos de músculo pendían de mi mano.  Reanimandola... volvía a las sombras del lecho sin antes... morderme.



El día estaba, por calidad... cerrado. Volvimos a la base. Con la complaciente sensación de haber pescado buenas truchas. Grandes... a la vista, perfectas y sanas. Con una pelea justa y en un páramo inolvidable. END

Autor: Jorge Aguilar Rech.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Anibal Espronceda, Jorge Aguilar Rech, Bastian e Ignacio Girardi.
Video: Peixoto & Aguilar Rech Outdoor Filmmakers.
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