Los arroyos del silencio.

Que sera de nosotros... si los arroyos callan.  Que sera del pez, si se seca el vientre materno del río. Que sera del hombre... cuando su vista se nuble de polvo, con la resaca sedienta del desierto.



Fue un mal sueño. Uno de esos que nos hacen transpirar en las noches de desesperanza. Esos... que tiñen de azul y hiel, las imágenes de la noche.

Los arroyos secos… sin agua, la vida en franco descarte. Una nueva ruta corría entre su vientre y el sol… envenenaba de destellos asesinos. 

Hoy... ese sueño me desvela en una realidad palpable; increíblemente real. Como un extraño de javu, ver arroyos, lagunas y ríos, secos, contaminados, maltrechos y rotos,  en nuestra montaña mendocina, diques asesinos en agonía de asfixia, contaminación y barbarie... es un hecho.



Ayer... tan solo hace unos meses,  contaminaban con cloro y mercurio el río Mendoza, y millares de inadaptados sociales, sembraban plástico criminal, los lagos, los ríos y cada jarillal del pedemonte.  Fue tambien hace unos años cuando unos iluminados del siglo XX, dirigentes de horchata y algunos bolsillologos, desoyeron los estudios que, a principios del siglo pasado, los orientales rezaban,  indicando que el río Mendoza debía tener pre diques, para contener la sedimentacion de entrada de caudal. 

Tampoco, debemos olvidarnos de las redes de los Astudillo, de la siembra indiscriminada, de las mineras asesinas, de las urbanizaciones degradantes, en definitiva... de la inverosímil necedad del hombre mendocino, en desatender lo que nuestros ancestros, nos enseñaron. La cultura del agua y sus recursos. 



Pero... una cultura que debería tender a desarrollar una política sustentable sobre toda la actividad que en ella y con ella, se realiza. Dada su vitalisima importancia. Hoy hace caso omiso, desprolijo, y despreocupado de estos llamados de atención.

Donde queda parada, nuestra troupe de  representantes y gestores públicos, cuando vemos, fervientes políticos pro minería, actividad que promueve la sequía y envenena pueblos a cambio de algunos céntimos, constructores de diques, cuando sabemos que matan ríos, modifica climas y napas, haciendo desaparecer zonas económicas, en pro al desarrollo. Donde queda parada nuestra dirigencia, cuando actúan después de la contaminación criminal y no antes... previniendo y controlando. Donde se para, la gestión publica cuando seca arroyos, como el blanco de Potrerillos, el Mendoza abajo del Dique, el arroyo Las Mulas,  en pro al desarrollo. Termino, que pocas veces es sustentable.




Que pasara cuando no halla mas peces que pescar. Mas agua que beber, nuestra arboleda desaparezca y el yermo nos gane.

Hoy... devolvemos los peces que otros matan, indiscriminadamente ante nuestros ojos y la ausencia de controles. Ausencia que promete falsamente igualdad de uso de los recursos y en pro a ello se disfraza de garantista. Hoy no hacemos mucho ante la contaminación. Poco e insuficiente, ante el avance irrespetuoso de la actividad humana y el capital. 

Solo unos pocos héroes del Valle de Uco resistieron a la minería. Recuerdo hechos puntuales, cerca de San Carlos.



Hecho…es que este planeta es un organismo vivo, es la Pacha Mama en carne, madre que nos genera vida, con su dinámico acunamiento. Ese mal hablado, mal usado y abusado... cambio climático. Que a los hechos… es una desgracia natural y anunciada. En planeta cambia, muta… se adapta. El humano... tambien; y para mal. No existe progreso posible, si no entendemos que ello, debe ser armónico al planeta que nos contiene.

En un ritmo casi imperceptible para el hombre moderno, el planeta nos reclama respeto. Somos nosotros... los coreografos de nuestro propio armagedon. Hombre moderno... tan alejado de la naturaleza, de la observación de la misma y convencido que su negación la hace menos importante y por ende, más poderoso. Creemos que con nuestro insignificante maquiavelismo, anularemos la reacción del planeta.



Nuestros ríos son sensibles y el agua es vital para nuestra ciudad. Ella... que es un milagro emanado de ese equilibrio, declarándose en oasis.  Nuestro oasis perfecto, con agua para nuestros forestales, y un pedemonte que limpia nuestras calles de smog durante las tardes con brisas suaves. Pero que cada año, esta mas desforestado, ganándole el cemento al verde.

Nuestros recursos del agua, ella misma, nuestros peces...nativos e introducidos, nuestros hielos, nuestra flora y fauna... no están siendo cuidados. Las gestiones no son suficientes. No por los hombres, sino por las políticas que ellos generan. 

Todo esto me hace pensar en el futuro. En un futuro impredecible para los Andes Centrales argentinos. Para mi agua... para mi pesca.


Pescare hoy; hoy... mas que nunca. Caminare mis arroyos, mis ríos y lagos,  mis hielos y montañas; buscare a mis truchas, a mis efemeras y plecopteras, al bagrecito torrente y al cangrejo. Pescare frenético a todas mis truchas. Con mis hijos, mis hermanos y amigos, para poderles transmitir a ellos... al menos el recuerdo. END

Autor: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Jorge, Benjamín, Nicolás y Pablo Aguilar Rech.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
BROWN TROUT ARGENTINA.
Copyright 2.013
Todos los derechos reservados.

Fraterna Navidad.

Con la sencillez de nuestro entorno andino y libertad de nuestros arroyos, nuestro mas sincero deseo...


Dorado... el Río del pez de oro

Nuestro destino elegido para la pesca de  Dorados, fue Salta. Específicamente el Río Dorado.
Elegimos el este bello río  por el escenario donde se ubica, ya que transita por la yunga salteña. Además... el agua es transparente lo cual hace más interesante y a la vista, la pesca del Dorado.  Nos contactamos con unos guías experimentados del sector los cuales operan hace mucho tiempo en el sector del Tunar, próximo al río Dorado. 

Los equipos elegidos fueron para el río Dorado cañas #5 o #6, con líneas de flote de preferencia, para ambientes tropicales. 

Llevamos un arsenal de 40 moscas para los tres días de pesca. Nos indicaron que en el río,casi  no se pierden moscas.

Apenas llegamos a Salta, Alejandro Haro, de Juramento Fly Fishing nos estaba esperando y nos trasladamos inmediatamente a el pueblo del Tunar, distante a unos 180 Km. de Salta. Antes de salir de la ciudad pasamos a aprovisionarnos de repelente de insectos.

En el Tunar, estaba la base de operaciones de Juramento Fly fishing, donde pudimos descansar, ducharnos y comer algo. Ahí... tuvimos las primeras conversaciones con los guías que nos acompañarían en estos  días de pesca, los señores Marcelo Zambrano y José.

Brotaron los consejos... los anti enganche de las moscas había que sacarlos, por que servían para anti enganchar los dorados, los lideres que ellos ocupaban para las líneas y protegerse de los insectos antes que nos piquen.

Ya en viernes  desayunamos temprano y salimos rumbo a la estancia San Fernando, distante unas 3 horas del Tunar, hacia el sector del Parque del Rey. 

En la estancia San Fernando el Lodge es una escuela desocupada y reciclada para alojar a los pescadores. El lugar es muy cómodo y hace que la estancia en la yunga salteña se haga muy cómoda.

Ese día, llegamos a las 10:00 AM, descargamos las camionetas y nos instalamos en las habitaciones. Nos vestimos de pescadores sin dejar ningún lugar de nuestro cuerpo expuesto a los insectos ya que nos indicaron que harían festín de nosotros. 

En camino al río  la Land Rover,  tuvo que sortear unos arroyos,  muchas subidas y bajadas por caminos en plena selva. Después de 40 minutos, llegamos a orilla del esperado río Dorado.

Cuando bajamos... los guías nos recomendaron que nos pulverizáramos, aparte del insecticida, con otro que se ocupa para fumigar, así no nos llenábamos de garrapatas... llamadas locamente o polvorines.


El río venia con poca agua, transparente y helada. En la semana anterior, había caído una helada muy grande en el sector, bajando drásticamente la temperatura.

Nos separamos en dos grupos uno aguas arriba y otro aguas abajo, apenas comenzamos a vadear el río una cantidad impresionante de  Sábalos y las Bogas nos hacia aumentar el ritmo cardíaco  El pique se desarrollo muy lento y nos hizo entender que la pesca del Dorado no iba a ser tan fácil.



Los piques fueron muy mezquinos, sumado a eso... el Dorado es muy rápido en su ataque lo que hace que el tiempo de reacción del pescador deba ser casi explosivo, para poder engancharos  Eso no es todo; después de un par de saltos el pez gana la pelea y se va como si nada, dejando a nuestra mosca nadando sola en medio del pozo. Ahí... nos dimos cuenta que la clavada debe ser realmente fuerte, y cuando digo fuerte. Su boca rodeada de hueso no penetra fácilmente el alambre del anzuelo.



Con gran tesón,  logré enganchar un Dorado de 6 kilogramos. con una vara TFO BVK #5 el cual me tuvo en jaque unos cuantos minutos ya que era muy difícil poder varar el pez con ese numeral. No era nada fácil la pesca del tigre del río.



Ese día, el score fue muy escueto. Obtuvimos entre los cuatro pescadores dos dorados en mano y una boga. También se obtuvieron varios piques que no se pudieron concretar.





Regresamos al Lodge, donde pudimos reponer fuerzas, refrescarnos, contar cuantas picaduras teníamos y comer un buen asado.


Al otro día, se declaraba el Sábado. Intercambiado el tramo del río, ahora nos toco río arriba, se notaba en pocos metros el cambio de vegetación, más densa y con más cantidad de animales y aves, este tramo era mucho más vistoso que el tramo río abajo. 

Vimos urracas, tapires, colibríes, patos, gatos del monte, loros, pecaries, garzas, flamencos, águilas y martín pescador.  Cabe destacar que esta zona no es muy frecuentada por la gente ya que se trata de campos privados los cuales están muy lejos de pueblos.


Caminamos un par de horas hacia arriba y así pescar río abajo. Llegamos a un pozo impresionante donde almorzamos y nos hidratamos. Armamos el equipo, ahora elegí una caña #7 con línea de flote, ya que el día anterior la lucha con el pez fue muy dificultosa con la caña #5. 


Hago los primeros lances con una mosca de unos 18 cm. negra con amarillo y cabeza Muddler, a penas cae en la corriente, que se formaba al ingreso del pozo tengo un pique explosivo de un dorado pequeño el cual no pude enganchar y el cual prometía un día mas agitado que el anterior.

El segundo tiro… pique y gana nuevamente el doradillo… para el tercer lance, enfrento la corriente de la rivera opuesta y un poco mas cerca, hago el lance y ahora... si que pude clavarlo.  Después del primer salto aseguro la clavada ya que no quería volver a perderlo.

Unos minutos de saltos y pude varar el doradillo de aproximadamente 1 Kilogramo, el cual al tratar de sacar la mosca me muerde y no suelta.  El guía me dice que lo metiera al agua y ahí me soltaría, así fue.  Ahí pudimos sacar la mosca y me quedo en el pensamiento como seria la mordedura de uno mas grande. El guía nos cuenta, que había visto dedos colgando y manos mordidas por pescadores incautos que por una foto descuidan la boca del pez.




Seguimos intentando en pozos, correderas y rincones. Mi amigo Huevo, engancha uno grande el cual logro asegurar con una gran clavada. Después de unos minutos pudo vararlo con una caña #7 y una mosca negra con rojo.


Después de ese Dorado, no tuvimos mucho éxito, hasta que el calor nos agobió y decidimos bañarnos en un pozón, lo que nos devolvió las fuerzas y el ánimo. 

Mas abajo en un gran pozo, Huevo clava un  Dorado muy grande que después de unos saltos, correr con la línea unos 20 metros mas unos minutos de tensión, logra escaparse dejándonos con la adrenalina a full. 


En el próximo pozo logré pinchar un Dorado de unos 5 Kilogramos.  Tuve una corrida de 10 metros, sacándome gran parte del backing el cual se me enredó en los pies y logró escapar.

El día se estaba acabando, la pesca estuvo más movida que el día anterior, pero los Dorados estaban ganando por goleada. En el último pozo del día logre, sacar una boga de unos 2.5 kilogramos.


El Domingo, nos esperaba la flotada del Juramento, que según nos habían indicado habían dorados mas grandes pero era mas difícil de clavarlos.  Estábamos ansiosos de lograr una gran pieza. Con avidez y habiendo hecho una buena pesca, nuestro instinto, nos pedía mas. Así cerramos el día en el Dorado, soñando con el Juramento... el de los dorados gigantes. END



Autor: Anibal Espronceda.
Editor: Jorge Aguilar Rech
Fotografía: Anibal Espronceda.
Pescadores: Anibal Espronceda,Mario Borquez, Rodrigo Grez y Cristóbal Tapia.
BROWN TROUT ARGENTINA
Copyright 2013.
Todos los derechos reservados.




Lo que nos cuenta el Picheuta.

Extractos de la magnifica obra de Sergio Bongiovanni, Lo que cuentan los ríos.

Sus costas cargadas de historias sintieron el retumbar de los primeros disparos de mosquetes y el choque agudo del acero de los sables y bayonetas; donde el humo de la pólvora se mezcló con los primeros gritos de los que estaban dispuestos a dejar la vida por la Libertad Emancipadora de América, corre el Picheuta.

Este arroyo, que vierte sus aguas en el Río Mendoza, se encuentra a unos veintiún kilómetros de Uspallata sobre el recorrido de una de las tres Rutas  de  la  Provincia  de  Mendoza  ocupadas  por  el  Ejército  Sanmartiniano para pasar a Chile, conocida como Paso de Uspallata. En un sitio aledaño al arroyo, un fortín de avanzada, con un reducido número de milicianos sería de suma importancia para la custodia de esta ruta. Desde su emplazamiento se podía divisar cualquier movimiento de las tropas enemigas.



Pequeño alojamiento o lugar de reunión de la gente, es el significado que daban los indígenas a Picheuta. En el arroyo que adopta su nombre, se vuelve a repetir la convocatoria; incansables pescadores, acicateados en sus apogeos, caminaron sus ásperas cuestas y acarreos en busca de aventurosas sensaciones que guardaban sus aguas. Su incesante caudal acunó los históricos inicios de la pesca de salmónidos en esta zona de la Provincia.

Con el envión heredado de los que nos legaron sus andanzas, esa mañana nos encontraba sobre nuestros pasos tanteando piedras enormes; otras engañosas en su entereza nos hicieron derrapar sobre el ríspido pedregullo. Se iniciaba noviembre con nuestra primer salida a los arroyos. De a poco su caudal se iría engordando mostrando su bravura hasta llegar a los límites de peligrosidad para poder vadearlo. El primer tramo, largo, pesado y engorroso en su tránsito, nos había agotado.

Veíamos, recostada sobre una de las laderas de los cerros, cómo una larga lengua de barro había descendido invadiendo el arroyo que en ese sector venía encajonado. Su color ladrillo hacía más curioso el cuadro, al igual que dos chinchillones que estaban tomando sol y huyeron veloces a sus madrigueras entre las grietas de una roca. Julio recuperando su aire, prometía que dejaría de fumar para disfrutar futuros viajes, mientras nos arrimábamos a la llamativa formación. Comenzamos a subir por esta sólida masa, mezcla de piedra y barro, fuertemente endurecida. Desde una giba, alcanzamos a divisar un espejo por el agua contenida. Se había formado un pequeño dique, que dejaba verter sus aguas por entre las rocas de su base sin alterar significativamente el caudal del arroyo.

Detenidos a la altura del paredón contenedor, miramos hacia arriba, a la cima de los picachos cumbreños; una gruesa y espesa franja de lodo marcaba su descenso hasta nuestros pies. Y empezaron las deducciones por saber el origen de la obra propia de la naturaleza. Esa franja ocre fue producida por un alud de masa arcillosa que había bajado arrollando con todo lo que encontró en su camino. En las cimas de las montañas, suelen formarse reservorios naturales de agua en altura debido a que el sedimento, las rocas y el hielo van generando una especie de tapón, dando lugar a la acumulación de agua por deshielo o tormentas. En algún momento las  filtraciones debilitan la pared, cediendo su contenido y provocando así un repentino alud. Julio quedó callado ante la explicación de Gustavo, mirando la voluptuosidad del fenómeno invasivo, empapándose de los rigores de la montaña. Nos quedaban unas arduas horas de marcha todavía; aún, debíamos pasar por una cascada que vierte sus aguas al vacío por varios metros, conocida como el Chorro de la Vieja.


Más adelante una piedra gigante al costado del arroyo sería el lugar donde acamparíamos, aprovechando la llanitud del terreno y la abundante leña. Pero la serenidad de las azulinas aguas del diquecito, que habían invadido los tamarindos y jarillas recién brotadas, dejaba traslucir el color intenso de sus follajes en las profundidades, y al ver, entre la vegetación ahogada, circulando unas truchas bastante desarrolladas, decidimos quedarnos. 

Con el armamento listo, nos arrimamos sigilosamente a la orilla del embalse cordillerano y huyó el natural intercambio de camaradería que caracteriza a este deporte. Enzo José le enseñaba a Julio unos nudos mientras debatían qué mosca podrían colocar. El porteño, no se quedó atrás, y nos daba una verdadera clase de lanzamiento aprendida en su ciudad natal; en la Capital Federal, debido a la falta de ríos y lagos trucheros, a los aficionados a este deporte no les queda otra opción que practicar las técnicas de lanzamiento en los espacios verdes de la ciudad, por lo que adquieren acentuada habilidad. Julio logró colocar, en uno de sus tiros, la mosca cercana a las rocas de la costa de enfrente. Estaba ensimismado, con cara de preocupado; el escenario se le había complicado. Después del lanzamiento perfecto, había que recoger rápidamente la mosca para que no se hundiera demasiado y a la vez evitar que se enredara en un matojo de ramas y hojas. Escuchando los consejos de Enzo, José, Julio sorteaba la mayoría de los obstáculos naturales que no están en la teoría de los libros; ganar experiencia le requeriría pasar horas junto al arroyo.


El choque emocional tampoco estaba previsto; la adrenalina corrió por su cuerpo despertando un “¡¡guauuu!!, ¡qué piquee!”. Y enmudeció; otra vez, el porteño había quedado sin habla, pues había clavado su primer trucha en tierra cuyana, y entraba al segundo round, para tratar de sacarla. Recogía la línea para traerla desde el oscuro fondo; el reflejo del sol sobre la superficie del agua no nos dejaba ver bien hacia dónde se movía el pez.

Julio, con voz agitada, decía que debía ser una trucha muy grande porque la sentía pesada y peleadora; costaba acercarla. Cuando estuvo próxima a la orilla, dejó ver un plateado fugaz en movimiento y arremetió como un refusilo destellante desapareciendo por completo sin haberse desprendido de la mosca, lo que obligó a Julio a ceder línea. El trabajo de arrimarla comenzó nuevamente, pero esta vez parecía cansada.  A unos metros de nuestra vista, observamos algo extraño en la trucha que venía enganchada de la mosca. Ya más cerca, parecía un ensamble de dos peces unidos por sus cabezas. Gustavo se arrimó y con un poco de resquemor, la tomó entre sus manos, sacándola fuera del agua.



La imagen de canibalismo nos dejó impresionados. La glotona trucha arcoíris no pudo con su voracidad y estaba atragantada con una de sus hermanas, que aunque de menor tamaño, le obstruía la boca y quedaba afuera más de la mitad del cuerpo y la cola; parecía imposible que la pudiese deglutir.  ¡Increíble!, estar atorada no le impidió ser seducida por la mosca de Julio. Vaya tentaciones la de estos peces no autóctonos. END.

Autor: Sergio Batata Bongiovanni. Del Libro LO QUE CUENTAN LOS RÍOS.
Edición y Contextualizacion: Jorge Aguilar Rech. (con autorización del autor)
Fotografía: Jorge Aguilar Rech, Pablo Aguilar y Sebastian Pagano.
BROWN TROUT ARGENTINA Copyright 2013.
Todos los derechos propios reservados.
Agradecimiento Especial: A mi amigo Sergio, por hacer de algo tan simple, una obra de arte. Y con esa simpleza de los seres enormes... compartirla.
A Viviana Michelan, por su gran apoyo a nuestros proyectos.

Pescando el Arroyo Tercero.

La luz del día se habría entre las sombras.  Dibujando siluetas  oscuras en la montaña. Todo sonaba frío… azul.  Mientras el camino solo nos llevaba al puesto.

Ahí… nuestro guía, Don Antonino Ibazeta, nos esperaba con la sonrisa generosa del que solo eso… tiene para darnos. Las mulas y caballos deperchados, nos esperaban con monturas hechas de lana y trapo, y cuanta manta hubiera por ahí.



A lomo de mula, cuatro horas en ascenso, solo interrumpidas para armar algún fuego amigo. Que nos daría calor oportuno y fuerzas para llegar al arroyo. El el camino, casi imnotico el crujir de las herraduras en las piedras acompañaban cada paso de nuestras bestias. Decenas e interminables quebradas, acarreos y laderas... subíamos y bajábamos  El cuerpo y nuestro animo... lo denunciaban.



Entrabamos sin aviso en la Pampa Helada. De sombras y abandono, de viento criminalmente helado. Los dientes, la cara y el vapor de las trufas de las mulas nos lo anunciaban. Fueron minutos, tal vez horas... no lo se.  Pero.. como alucinación,  aparecía al sol, en la lejania de la quebrada, una construcción humana en el medio de la nada. O a menos, de la nada de nuestros días  Las memorias contaban de los años de esplendor de las vías  del camino, de las almas que por ahí pasaron. Hoy, es testigo a voces, de quien quiere leer de los días aquellos. Días que truncara el asesino de hielo del Plomo.



El refugio de piedra, nos daba cobijo. Mientras cada centímetro de piedra, cada lata herrumbrada, cada escrito en el revoque... quería contarnos una historia, nos invitaba a quedarnos, a hacernos amigos.  Los muros gastados y ajados, eran hojas verdes del libro de la aventura. Podíamos imaginar a cada uno de los nombrados. Los que intentaron de alguna forma, inmortalizar la hazaña. 



La mesa y los bancos de madera, nos dieron hogar, para reponer fuerzas en el viaje. Solo un pan casero, y unos quesos.  Estantes de promesas, de las velas, de los vidrios vacíos,  de las estampidas sagradas y no tanto, habían sido historia en eses lugar. Esas historias que jamas veremos en los libros de papel. Solo las leemos en las huellas de camino.



Nos esperaba a minutos, el cruce del río. Aguas profundas que las mulas y los caballos deberían superar, pese a los corto de la trancada. Acá no hay expertos ni baqueanos que valgan  Es la astucia del animal para no dejarse voltear por el torrente. Es el río y el animal... solamente. Así, temerosos, enfrentábamos el azul verdoso de la corriente.

Dos horas mas de mula, y por el seno mismo del valle, nos mostraría el Fiero de los puesteros. Arroyo despojado, humilde y sencillo, pero nunca fiero. Calumniado quizás por lo humilde... pero en su cualidad... la belleza de lo simple, lo real, autóctono y verdadero. Con semblante de mujer, nos mostraba sus caras, sus lineas y sus intrigas. Aunque nunca escondió nada, su sinceridad nos dejaba leer cada rincón.




Llegamos al amparo de un pedregullo con infulas de campamento. Solamente unas piedras grandes entre los Huencú.  Ahí nos agrupamos aconsejados por Antonio. El que ya tenia años de vivac en el lugar. Lo decían sus historias, y su Palo Sagrado, sacado entra las piedras. Palo que seria nuestra columna para asar la carne, previo el recurado adecuado. Lo raspaba con el cuchillo y lo volvía a quemar a la llama... así estaría listo para ensartar el vacío.


Organizados, preparábamos las #1, para emprender la experiencia. Nos acercábamos sutilmente al arroyo y podíamos ver a las Arco Iris nadar. Comiendo arriba y abajo indistintamente. Cada paso era medido, pensado y asimilado al silencio eterno del lugar. 

Los clastos, no mostraban rastros de una reciente crecida, y efemeras todavía con algunos residuos de sedimento. El termómetro se animaba apenas... a marcar cero grados. Todo deveria estar dormido, aletargado. Pero sorprendentemente, la vida estaba a pleno. 




Podíamos interpretar que a esa altura, a 2.580 m.s.n.m, no deberían haber salmonidos. Como suponíamos en el Arroyo Grande de la Quebrada, que se halla casi a la misma altura. Pero acá  era la excepción que daba por agua esa teoría  nuevamente. También lo habíamos experimentado en el Limpión de los Guanacos en el Ranchillos Superior a 3000 m.sn.m.




Podíamos adivinar, y ver... gracias a la Go Pro Tech, operada por Nicolas Aguilar, a nuestras truchas comer. Agazapado... presentaba up stream  mi Pheasant Tail, con un tippet 7 x de Orvis, y un Leader Torcionado Duck Master de 1,50 metros. Embriagado por la ansiedad y la emoción  podía sentir la tomada en mi garganta... como adivinando. Estaba pescando a mi trucha, a la vista. La veía comer arriba. Suavemente y a unos milímetros de la tensión superficial, toma mi mosca. suavemente la clavo. Casi  sin lucha, pacta. Se entrega... y la devuelvo. Renovando el pacto con la vida frágil de la montaña. Una pequeña Arco iris encalla en la arena de la rivera del arroyo. Sin muerte, la púa sale del cartílago y vuelve a su medio.



Mas arriba, decena de formaciones, me ofrecían iguales truchas. Todas con un promedio de 350 gramos.

Unos metros abajo, Anibal, presentaba sus plumas, con buenos engaños pero sin captura. Estaban muy sensibles y esquivas a la hora de tomar.  



Fueron dos horas de pesca, cuando Antonio, nos llamaba arduamente. Suspendidas las labores para abordar nuestro asado al palo santo, entre vinos y brindis las historias fluían a flor de labios. La magia del vino y la carne... en alquimia con la montaña el arrullo del agua y el susurro helado del viento. Las historias de mulas, truchas y viajeros, nos adentraban en las sombras gélidas de la tarde.  

Con escasas horas de pesca y muchas de mula, pescamos suficiente, con truchas ingenuas, sanas y musculosas. En aguas cristalinas y bellas. Fueron mas de diez Arco iris de 350 gramos promedio.



El baqueano  no apuraba para el retorno, la sombras del frío nos sorprenderían el la vuelta, a la altura de la Pampa Helada. Ahí... donde los dientes crujen de frío. 

Las mulas listas nos bajaban como almas deambulando. Hasta creo... haber dormido arriba de su lomo. Hora tras hora, bajamos con el río de compañero. Entre sueños... soñábamos con las truchas que aun no pescamos. END



Autor: Jorge Aguilar Rech.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Nicolas Aguilar y Jorge Aguilar Rech.
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Video: Nicolas Aguilar y Jorge Aguilar Rech.
https://vimeo.com/68495896
Conocedor: Antonio Ibazeta.
Pescadores: Anibal Espronceda, Jorge Aguilar Rech
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Reflexiones sobre el Pescador Contemporáneo.

Ya en algunos escritos anteriores, desde la simpleza y humildad de un simple pescador,  he reflexionado sobre el pescador con mosca, de nuestros días. 

Tal vez alguien que,  por las curiosidades del destino, nos lleva de la mano en este pequeño trayecto que nos sorprende respirando, a disfrutar de cuanta experiencia de pesca como podamos vivir, en nuestros lugares deseados.




Atrapados por tan maravilloso juego.  En mi caso... cambiando los libros para enseñar a muchos pequeños la magia de lo escrito... por algo tan absurdo como una vara capaz de improvisar en su uso, cual director de orquesta.  Convirtiendo las notas escritas en movimientos de armonías de los maravillosos sonidos... en lo nuestro; el representar vida a partir de la materia inanimada, un alambre,  pelos, alguna pluma o los cada vez más populares materiales sintéticos .


El arte moderno se proyecta hasta la primer mitad del siglo veinte, y  a partir de ese momento ya nos referimos al arte contemporáneo y casi con idéntica cronología, nace lo que me atrevería a denominar como la Pesca Contemporánea.


Habiendo destacado según mi criterio,  la evolución que el hombre pescador  experimentara en su  historia, donde por siglos apeló a recursos tan básicos como la materia orgánica y el movimiento, como atractivo indispensable para lograr las  capturas de las más variadas especies. 

Hoy, en conjunción al gran desarrollo tecnológico, materiales de la mayor sofisticación, la asistencia científica que nos permite conocer a la perfección lo relativo al equilibrio de un ecosistema acuático, está desarrollando un nuevo pescador.  Donde el juego de su práctica, lo compromete en un mayor ejercicio racional, al menos como justificación de lo desproporcionado de la materia gris que  caracteriza a los jugadores oponentes.

Todavía, la mayoría de la población de pescadores con mosca, no interpreta las características de la diversidad de equipos que se provee para nuestra técnica, cada pez, cada especie, los diferentes tamaños, la diversidad de escenarios nos permite satisfacer infinitas alternativas, anzuelos inpensados por su mínimo tamaño  cuatro décadas atrás, monofilamentos capaces de no alterar el comportamiento de las imitaciones, caracterizadas por la sutileza  de la vida que representa .


Pero se trata de una barrera, jamas soñada tiempo atrás.  Superarla será el desafío de los pescadores del futuro. Mañana , más allá de estos días .. será propio de los que nunca supieron interpretar la diferencia entre una ninfa en  # 16 atada con tres o cuatro materiales y una banana naranja y negra con dos triples del  # 4 arrastrada por una embarcación en las profundidades de un lago.

Uso tres palabras como síntesis en mi enseñanza... paciencia, tolerancia y humildad. Sin duda la más significativa es la tolerancia, la que me ha permitido aceptar la diversidad de criterios, pero al mismo tiempo cimentar cada vez más la diferencia que me aparten de esos comportamientos tan comunes aún en nuestros días. Usar más de una mosca, separar demasiado los peces del río, pescarlos en horarios no permitidos y otras yerbas que de tanto exponerlo a esta altura me fatiga.


Pude darme el gusto de sistematizar los contenidos que con mis escasos conocimientos. Fueron el puntapié inicial, a las muy completas escuelas actuales en el país.  Desterré el valor de la anécdota, como único recurso para los que querían aprender todo lo referido a la pesca con mosca. Pude demostrar que los nuevos materiales podían alterar criterios históricos en lo referido a la práctica del lanzamiento.  El famoso doble tirón de los 70, como recurso básico e imprescindible se quedó en la historia, así como los teléfonos de los que conociera en el 50.  Pese a ello todavía se sigue torturando a más de un iniciado.

Hoy... mis alumnos pescadores, manejan indistintamente ambas manos como recurso para contemporizar con el viento. Convirtiendo a nuestro peor enemigo, en el mayor aliado.  El mejor amigo capaz de llevar nuestra línea sin esfuerzo, presentar nuestras moscas con la sutileza que confunda a nuestras escamadas.


Me emociona ver, cada vez más a los jóvenes pescadores, analizar los individuos del río, experimentar el atado de campo a referencia de los mismos.

Sin condicionamientos, los absurdos patterns de antaño, capaces de traumatizar a los atadores del 80 y 90... por no tener el oliva claro,  para la bruta cabeza de 1,5 mm escasos de una seca en #14, cuando todavía se ataba a referencia de las moscas del hemisferio norte.

Y aquí vale referirse a lo mencionado como la humildad.  Como abanderado de una ignorancia producto de la desinformación de más de cuatro décadas atrás, hoy simplemente me expreso desde mi verdad, lo que me viene acompañando en la vida; mi deseo de aprender algo tan infinito como esta actividad, pero tratando que los más jóvenes no pierdan el tiempo que me llevara a mi.


El Pescador Contemporáneo es aquel capaz de involucrarse desde el principio... en la libertad de crear su propio juego.  Aquel juego que, ajeno a la competencia, al egoísmo de los humanos, nos haga feliz con una caña en la mano, una pequeña mosca que imite la que observaras  bajo la piedra o sobrevolando  el arroyito más pequeño.

Seras entonces... aquel que desde el cielo lo contemple el cóndor, lo altere  la música de una corriente saltarina y como premio pueda capturar una pequeña trucha. Aquí ... comprenderá  que lejos esta de la historia de los otros.  Serás un creador, un pescador contemporáneo, uno de los últimos que podrán  practicar este juego en el planeta.

El futuro podrá recrear un ecosistema, quizás  ya sea presente, pero nunca será semejante a la obra del Creador. END


Autor: Dario Pedemonte
Editor: Jorge Aguilar Rech
Fotografía: Nicolás Aguilar , Pablo Aguilar y Diego Peixoto.
BROWN TROUT ARGENTINA.
Copyright 2.013
Todos los derechos reservados.


Pescando el Manzano.

El arroyo donde el agua sonríe.


El Manzano es una expresión de pureza. Nuestro embajador de arroyos mendocinos. Nos muestra el agua en su idioma natural, en su carácter  dinámico de alma cristalina. Nos canta romances de correderas y nos silva tonadas, de rosas mosquetas.

El Manzano... el Grande de la Quebrada, es un arroyo perfecto. 

El proyecto del equipo, es pescarlo durante cuatro días.  Pudiendo contemplarlo a toda hora, a toda luna, en todo momento... y en todo su esplendor.  La época era la apropiada y el arroyo estaba en su punto justo.

Sebastian Pagano, seria el primero del equipo que saldría.  Al atardecer, de un día claro, del mes de abril, desde la Ciudad de Mendoza... munido de caña, moscas, algunos pelos, plumas y noventa minutos; los que mas tarde, lo pondrían a pescar el atardecer del arroyo. 

Las primeras luces del atardecer del valle, hacían brillar las correderas del arroyo. La Manzano Fox Hair,  profundizaba cada formación,  intentando imitar a las Stones típicas del arroyo. Las Arco Iris, no le daban descanso. Una tras otra... gordas, bellas y furiosas... por haber sido engañadas infaliblemente.  Ya... después de una veintena de capturas, las tintas rosas del cielo pintaban las nubes, las montañas se ponían azules y serias. La eclosión de tricópteras gigantes era notoria. En el cierre de la noche, sumaba treinta truchas pinchadas, entre 300 y 600 gramos. El fuego amigo, lo invitaba a descansar y preparar con sus flamas... el pan saborizado, que resulta ser su especialidad.

La noche lo arrullaba entre las penumbras y cantos. Los ruidos de la oscuridad, le inventaban fantasmas, faunos, duendes y todo lo que la imaginación le diera. 

Al día de las luces... lo esperaba atando. A puro pelo de zorro, las Manzano Fox Hair,  se iban anudando como las marionetas de un titiritero, una tras otra. El fuego aun humeaba.

Avanzada la mañana, llegaríamos la otra parte del grupo. Nicolás, Pablo, la acompañante y aprendiz inseparable, Magalí y quien les relata. 


Sebastian, nos esperaba con un almuerzo temprano, de fiambres, quesos y un excelente rojo sangre. 

El brindis se hizo abrazo de hermanos;  de amigos del alma. Mientras el equipo, armaba las varas, y preparaba leaders... un tinto selecto y obligado malbec, nos entintaba las venas.

Bajamos, lentamente... intentando ser totalmente ignotos en el medio. Nuestras pisadas, debían ser suaves, calculadas y pensadas. Sabíamos que la linea lateral de nuestras Arco Iris, estaban en extremo sensibilizadas. Eso... les da la información vital para cuidar su integridad  física ante eventuales  predadores y naturales crecidas.


Así llegábamos al veril, buscando las primeras estructuras, presentando de a uno exclusivamente.  Agazapados y con sigilo, nos aproximábamos intentando ver alguna. Ahí .. donde el blanco de la espuma se hace translúcido.

Comencé atando una Jabalí Manzano Ephemeroptera en alambre #14, la que se articulaba con un invisible 5x fluorocarbon. Una presentación hacia arriba en reach cast, para evitar el drag. Al profundizar la mosca, inmediato toque. Pero la mosca seguía sin cobrar presa. Decenas de lanzamientos fueron del mismo tipo. Eran truchas pequeñas y aguerridas. Se atrevían a tomar este engaño, invirtiendo gran cantidad de energía. Se trataba de muchos ataques pero pocas capturas.



La tarde transcurría .. mientras la temperatura llegaba a su clímax.  Rondarían los 10° C en el agua cuando el arroyo comenzaba a despertar. Hora y temperatura de otoño mendocino.  Las truchas estaban de hecho, mas activas y se animaban a tomar decididamente el engaño. Bellas Arco Iris... casi llegaban a las dos docenas y unos 500 gramos promedio. Nutridas de tricopteros, efemeras y plecopteras. 

Este sector del arroyo presenta la inclinación justa. Perfecta, para la formación de estructuras laminares óptimas. Conforma pozones profundos, que rondan el metro. Correderas y algunos rifles. Los que sin separarnos del carácter de pocket stream del arroyo nos brindan distintas oportunidades para pinchar truchas.

La temperatura, llegadas las 15:30 hs, comenzaba a bajar. Lo notábamos por el vadeo húmedo...  en los huesos. El punto ideal de temperatura, no nos debía doler. 

Sebastian y Nicolás, subieron a preparar las faenas del asado nocturno, mientras seguíamos pescando cada rincón junto a Pablo. Encontrábamos líes espectaculares en un corto trayecto de no mas de cien metros. Llegábamos a predecir, donde habían truchas.  La observación entomologica, nos refería a enormes Stones, sugiriéndonos al cambio de mosca. Fue el turno de la Manzano Fox Hair. Las Arco Iris aumentaban de tamaño y tenor. Llegando a cobrar piezas de unos  gramos 700 gramos de puro músculo.


Todas, nos regalaban una especial lucha arroyo abajo. La #1, trabajaba en en forma exquisita, dándome toda su virtud de Superfine. 

Era ya hora de regresar. Los aromas de tomillo, a nuestro paso, se mezclaban con el asado que nos llamaba. La mejor y mas oportuna de las postales... la mesa armada en un poncho indígena de alpaca, las copas plenas de rojo vino y mis amigos. El festejo de una buena jornada nunca es mucho. Las anécdotas,  los datos, las historias de las truchas pinchadas, las cobradas, y las enormes que se fueron... rondan siempre en mis recuerdos.

El sonido inagotable del arroyo de fondo, se quebraba, con el brindis de los rojos... un Medalla de Oro, logrado por el chaman  winemaker Carlos Balmaceda. 






La noche nos envolvía todo el espacio. El fuego, nos daba esa confianza inexplicable y ancestral. Luz que invita al conjuro, a los relatos y a la charla fraterna. Las carnes, ya... en lo mundano, salían de la parrilla en manos de Sebastian... para el deleite. Pasaron las horas y las estrellas nos dormían en sueños del día. 


El día de la luz nueva, se abría tardío... al menos para nosotros, para nuestros ojos.  La noche, nos había ganado la partida, el cansancio del vadeo, y los duendes del vino, nos acunaron hasta las 11:00 am. Llegaban al valle, Luis Soria y Kako Molinelli, para acompañarnos en la jornada.


Apenas llegaron, bajamos al arroyo. Con el mayor de los cuidados nos dividimos por veriles... dos por cada uno, formación por medio. Comenzamos a subir, lentamente, trabajando cada una de los rincones del arroyo, esperando la temperatura ideal. El curso, levanto grados pronto. La vida de los macro invertebrados se expresaba por doquier, eclosiones de dípteros y efemeras, nos atentaban inoportunamente la boca. Las Plecopteras  aun no eclosionaban... quizás buscando algún grado  mas. Era oportuno trabajar con las pequeñas Jabalí Manzano Ephemeroptera, en alambre # 14. Todas... me daban trucha... una tras otra. 

Los lanzamientos up stream, no ayudaban a ocultar nuestra innegable presencia. La sombra era lo mas importante de ocultar. Luis, se escondía tras una piedra en el medio de un Back Eddy. Lanzaba al Pool, que cocía con la corredera. Una gordisima Arco Iris toma su engaño. Una breve batalla la deja entre los clastos de la orilla. Inmediatamente la devuelve al agua. La gordura especial de esta trucha tal ves, se deban cantidad debía a la gran cantidad de Stones en los fondos. 


Un día espectacular para el equipo. Corto, pero muy fructífero  Las Arco Iris estaban despiertas y activas. El día cerraba temprano, y emprendíamos el retorno a la Ciudad de Mendoza.

Las lluvias en las cuencas superiores, comenzaron a hacer crecer los cauces de los arroyos tributarios al Grande. Los Oscuros, el Guardia Vieja y el Durazno. Este ultimo crecido como canal nos obligo a tomar la decisión de bajar, o quedarnos ahí, indefinidamente. Volvimos a la Ciudad de Mendoza, y las lluvias con la baja temperatura del Valle de Uco, fueron notorias. Esperamos tres días  y ya el cielo, prometía mejoría. Pero... la tierra del monte aun destilaba lluvias. 

Llegamos nuevamente, con un sol apenas tímido, una mañana de sábado. El camino estaba bastante movido por los aluviones. Al llegar al Durazno, el corte era tan profundo, que nuestro vehículo no pasaría de forma sencilla. Tomamos la desicion ante este hecho y ante la inefable turbidez del agua, de esperarlo unos días mas. Sergio Vicente, nos calmaba la angustia invitándonos a tenkarear un sector del arroyo. Pero como críos... mirábamos para arriba melancólicos.

La ansiedad de los días de espera, nos pinchaban hora tras hora. El día indicado fue el domingo de la luna menguante. Y les nombro las lunas, porque todo pez, de cualquier agua, se ve influenciado por sus luces lunares y sus efectos en los elementos. Las luces de las noches claras de luna son ideales para la comida nocturna. Dado que resulta ser segura. Lo que nos resultaría en una jornada diurna, de truchas sin actividad de alimentación  Las lunas de poca luz, limitan este ciclo a las horas del día. Todo esto es un simple observación  y surte efecto en las técnicas de imitación.

Subimos al Valle de Uco temprano. Marcelito Domici, madrugo con unos mates y unas Don Atur Clásicas.  Compañeros inseparables de los mates del volante. El Cristo del Manzano nos vio llegar inspiradisimos. Tomamos la huella con destino a nuestro lugar en el Manzano. El Durazno intentaba hacernos una mala jugada pero, el ímpetu, el espíritu de equipo y un gato mecánico  nos ayudaron a continuar. Pablo, acompañante perfecto, encargado del muestreo entomologico, fotos y el video.


Armamos los equipos rondando las 10:00 am. Bajamos a las primeras formaciones del arroyo, comenzamos a definir y confirmar la observación entomologica. La misma... arrojaba el menú completo... Ephemeropteras, Trichopteras y Plecopteras en cantidad. La temperatura era muy baja... nos dolía en las manos. El arroyo dormía en un sueño de frío.

Avanzamos en metros y formaciones, esperando la temperatura deseada. Esta... nunca llegaría. Cercano al mediodía  el arroyo no lograba atemperar su vientre y despertar a sus hijos. Nuestras varas aun rectas... se resignaban al descanso.

A la orilla de arroyo, los duendes aun no salían de sus cuevas. Lugares mágicos de faunos y hadas como paisajes de Del Toro. Langostas, hormigas, polillas, moscas, mosquitos y moscas de mayo... hacían volar nuestra imaginación  adobada con algunos mates yuyeros. Esperando los grados que el sol, con brillos de agua y piedra prometía darnos.


Cercano a las 13:00, el sol se hermanaba con el aire y el agua. Despertaban a sus hijos. Insectos, larvas... peces y pescadores. Retomábamos el rito fascinante de subir el arroyo pescando.

Inmediatamente, las Manzano Fox Hair, comenzaron a engañar truchas.  Fue indispensable afinar el tippet a 7x. Un Orvis con Bimini Tippet Super Strong cumplía con las profecías.

Las Arco Iris, indudablemente querían comer y... las eclosiones, hacían evidente que la mesa estaba servida. Nosotros, escondidos, engañábamos con alambres, pelos y pelusas.  

Todas estaban enérgicas, vivaces y gordas. Las devolvíamos al agua una tras otra. Solo una de unas quince engañadas, estaba muy aletargada. No produjo pelea, lo que quizás .. le haya provocado una descarga de ácido láctico mortal. Igualmente, la devolvimos oportunamente al agua.

Y... como síndrome recurrente,  llegadas a una cantidad de capturas, una cantidad de moscas testeadas, pescadas de tal o cual forma... dijimos basta. Basta... pero solo por hoy. END



Autor: Jorge Aguilar Rech. 
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Pablo Aguilar y Nicolás Aguilar.
BROWN TROUT ARGENTINA
Copyright 2.013.
Todos los derechos reservados.