Soy pescador de la Zona Central

Martín Aylwin, pescador e instructor de pesca con mosca de la Escuela Mendoza Anglers, dirigida por Fernando Mosso, escribió una excelente reflexión, basada en su presente realidad de la pesca con mosca en su tierra, la hermana Chile. Y así... chileno de nacimiento, nos introduce en el pensamiento y la reflexión, sobre la exquisita experiencia de pescar en la Zona Central de América Occidental.


Se supone... que quienes vivimos en Santiago, debemos envidiar a quienes viven en el sur. Y en muchos aspectos, esto es cierto, se respira aire limpio los 365 días del año, el color verde y azul acompañan tu vida, las ciudades se llenan de aromas naturales, brisas heladas por la tarde y una hermosa vista al atardecer, del mar, ríos o un simple campo siempre verde. La calidad de vida debe ser mejor, y menor el estrés. 

Para que decir la pesca, un sin fin de ríos de calidad mundial a solo pasos u horas de sus casas, repletos de truchas sanas y bien alimentadas, que habitan en aguas que jamás dudaría en tomar para saciar mi sed. Por todo eso, los pescadores de Santiago deberíamos envidiar –y no tan sanamente- a quienes viven en el sur.


Pero la verdad es que aunque yo ame el sur y su pesca, sobre todo la zona en que me formé como pescador, mi querido río Petrohué, no los envidio en todos los parámetros a los que me referí. Si envidio su entorno, ciudades, calidad de vida, pero no envidio del todo su pesca. Y no la envidio no por que de hecho pesque todos los años en el sur y siempre pueda acceder a ella, sino que por que la zona central tiene un encanto especial. Uno que es difícil de definir.


Pescar en la zona central es como viajar a un país que no conoces, por que nunca sabes con lo que te vas a encontrar. Es una zona impredecible, cambiante, y muchas veces inhóspita. Aún cuando muchos ríos estén descuidados, depredados o incluso contaminados, es esa adversidad, la que te permite llevarte las mejores sorpresas al final del día. Pero no es solo la dificultad de encontrar un lugar de ensueño cerca de Santiago lo que me cautiva, sino que es la pesca misma.



Los ríos de la zona central aún conservan habitantes en sus cercanías que nos recuerdan el típico campo chileno, ese campo de empanadas, chicha, y carreras de caballos, sus señores, con sonrisas en la cara todo el tiempo (de esos ya no quedan en Santiago), saludan amables al paso de los “afuerinos” y te enseñan todo cuanto pueden de la pesca o accesos, sin esperar nada a cambio.

Las truchas de la zona central están sujetas a una presión de pesca infinitamente mayor a la de la zona sur. Acá la mayoría de nuestros ríos son tan pescados como el mismo río pescado o el Hueñu-Hueñu. Y no existe ni si quiera un cuarto de la noción conservacionista que hay en el sur (que ya es poca). Así es como muchos ríos de nuestra zona central están casi muertos. Pero hay otros que se han conservado por gracia de la misma naturaleza que ha sido sabia en enturbiarlos gran parte del año o en aumentar su temperatura todo el verano, dejando solo algunas orgásmicas semanas para pescarlos a principios o fin de temporada.


La zona central es pura poesía. Montañas nevadas infinitas, de colores rojos, amarillos y naranjas, escarpadas cumbres y valles encajonados como minas, árboles nativos que luchan por no perecer, y una fauna desafiante, tímida, pero majestuosa. Y sus ríos violentos, azules, que esculpen la piedra de esas rocas volcánicas que dan cuenta de nuestra siempre presente cordillera de los andes. Y su pesca es maravillosa. Si bien las truchas muchas veces son pequeñas, son muy astutas. Muchas se han salvado ya de sus depredadores, los hombres. Las características de pesca son por mucho más complejas que el promedio de pesca de los ríos del sur, y se requiere técnicas ligeramente más avanzadas, el derive perfecto de la mosca por ríos poco amistosos para pescadores, ríos rápidos, profundos, y con poco espacio para maniobrar, corregir o incluso dejar hundir nuestro señuelo, y son segundos los que cambian un exitoso día de pesca o el fracaso total. Muchos de ellos no ofrecen espacio para lanzar o incluso caminar, te invaden las piedras y troncos, y muchas veces debemos hacer maniobras alpinistas para cruzar de un pozón a otro, y a eso debemos agregarle el viento que muchas veces se hace insoportable. Pescar en nuestros ríos es una constante aventura.



He pescado arriba en la cordillera, en los valles intermedios y pre cordillera, y sigo maravillándome con el entorno, su compleja pesca, los paisajes, colores y  la valentía e inteligencia de sus truchas. No hay nada mejor que pescar con una caña #3 de 7,9 pies, en medio de la cordillera, en un río furioso, truchas  de hasta 1 kilo que piensan más de 3 veces en tomar o no tu mosca. Todo se convierte en una cacería, donde cada trucha si importa (por que son pocas), donde cada lance debe ser perfecto y no hay espacio a error. Por eso, hay muchos de nosotros que aunque amamos el sur, no podemos dejar nuestra querida zona central. Y no será raro que escuchen decir a algunos orgullosos: “soy pescador de la zona central". END


Autor: Martín Aylwin
Fotografía: Martín Aylwin
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Gentileza: La Vaguada: http://www.lavaguada.cl/
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LA VAGUADA Copyright 1998-2.008.

Pescando el Río Salado.

El espíritu de Currilimpi.


Un río tan cercano... tan a la mano. Tan ahí. Expuesto y maltratado. Con algunos cuadros irrepetíblemente bellos, otros conocidamente similares y otros... altamente impactados. El ímpetu viral del humano... ensuciando, profanando y colmando el manto natural, es implacable. Y ya... casi no tiene memoria.


Tierra de Pehuenches en guerra. Sangre de acero que jamas fue vencida por españoles. Nunca tocada por invasor alguno... hoy, es sitiada por nuestras mejores truchas. Habra sospechado Pichintur... el gran estratega, ser invadido de  tan infame forma.

Recuerdo que volvíamos del calumniado Arroyo El Desecho, al temprano atardecer, cuando Diego Peixoto, llama a  Pablo Pérez y Diego González,  pidiéndoles algunos consejos sobre la zona  óptima de pesca del Salado. Nos recomiendan La Ripiera. Aquí, fijamos nuestro destino, previo a dejar a Nicolás y Claudio como avanzada en el hotel, preparando la anunciada cena.


Minutos mas tarde, a  escasos 3.000 metros del hotel, armabamos nuestras baras con un viento muy fuerte. Me sorprendía que el aliento del este de raudo viento, ejecutara las notas secas de mi caña, como Kaskawillas.  Denotando su gran acción al arquearse sola.


La impresión de la zona recomendada, fue muy grande. surcando un yermo pedregal, un solo canal conformado... que a raíz de la escasa masa de agua, no nos mostraba costuras, estructuras de descanso, ni irregularidades donde alimentarse o al menos refugiarse. Esta zona en partes me recordaba al río Mendoza... en el Cero Piont.  Instintivamente mi rodilla a tierra, acompañaba a unos clastos volcados, que me mostraban solamente algunas efímeras minúsculas. Una escasa población entomológica nos anticipaba otra de las condicionantes. Particularidad de un curso impactado... musgoso y con una gran adherencia de sus costas pedregosas. 




El fuerte viento imperante, me dificultaba el trabajo de cualquier ninfa. Solamente ya, en las horas de penumbra, halle una excelente corredera que conformaba un gran pozón. Un lies único. Me  siento unos minutos a contemplarlo, a comprenderlo... a pensar como ese ser que quiero pescar.  Afino mi leader a unos escasos 7x  fluorocarbon.  Ato una Prince Bead Head en # 22 al mismo. Me posiciono bajo el pozón. Mi primer manojo de presentaciones, se frustraban. Cuando apenas abierta la sexta, una clara forma; fugaz y difusa... tensa el perfecto sistema. Mi caña y el músculo responden. La vara se arqueaba profundamente, asumiendo en parte la fuerza de la contienda. El frío estímulo de la adrenalina, nuevamente inunda mi sistema nervioso. Cientos de segundos después, decenas de espasmos y corridas, más tarde, la fugaz visión se hizo trucha, declino su furia ante mí en captura. Descansando en la corredera misma, que le daba alimento. El macho boqueaba buscando el flujo del agua. Fue liberado por mis manos culposas, agradeciendo la experiencia y procurando su recuperación.


La única pieza que pescaba, cerraba mi corto día. En el encuentro... Diego me relataba que había pescado una trucha de un kilo aproximadamente también.


La noche nos abrazaba con coros de guijarros... hechos música al paso cansado del retorno. Las historias de las tomadas, de las ausentes y del día de mañana... que sería mejor, salían  de nuestras bocas con cada aliento. El cacique Currilimpi nos colmaba la lengua de versos.




El día de mañana que sería mejor... hoy, se habre en un amanecer totalmente inmaterial. Sin el zumbido urbano, sin el apuro, sin necesidad de que asi ocurra. Pleno de aromas de campo y en momentos... sulfuros de aguas termales. Aprovechándonos de la cercania del río, nos tomamos cada uno de los minutos para el disfrute. El sol apenas alumbraba el valle y transformaba en plata el hilo del Salado.


Desayunamos y partimos. Con nuestro inseparable Labrador Juancito, a paso tranquilo, llegamos a la zona de El Puente. La zona mas urbana de Los Molles.


Nuestro plan era pescarlo con secas y ninfas exclusivamente. Aprovechando la perfección de la condiciones climáticas nos aventurábamos a anticipar una buena pesca. Así... me senté unos minutos a contemplar el agua. Su inmortal sonido que combinado con el silbar del viento en las cortaderas, eran a sobras, la pieza clásica mas exquisita y mas anhelada.




Mi vara #1, armada con un obligadísimo flote Hydros Superfine WF1 Willow, desplegaría un leader de 5 pies Duck Master, trenzado, especialmente elaborado por Pablito Matthews, terminaría en un tippet 7x de fluoro carbón. Mi mosca... la exquisita Pheasant Tail en alambre #24, con abdomen segmentado en rojo...fue increíblemente eficiente. Al llegar al filo del río, agazapado tras una cortadera gigante, lanzo en un reach cast para evitar el drag de la perfecta corredera. Una profunda tomada me sorprende y mi vara lo denota. Luchando río abajo, metros mas... logro tomarla en mis manos. Debía pesar unos 400 gramos. Un tono plata brillaba al sol y su enorme energía denotaba su escasa edad. 


Diego, por unos metros mas abajo del río, era sorprendido por cinco luchas consecutivas. Una tras otra. Un perfecto y profundo pozon no le daba tregua alguna.



Las capturas eran formidables y hermosas. Capa una de ellas brillaba particularmente. sus saltos... sus corridas y hasta su comprensible lucha en nuestras manos... eras un bello cuadro de fiereza salmónida. 


A estas alturas... la existencia de vegetación unos metros mas adelante y estructuras en el río, mostraba una variedad de alimentos mas variada. Las efímeras,  tomaban mayor tamaño y densidad; las tricópteras por decenas, habitaban los bajo clastos. La vida explotaba en escasos 500 metros.  Alimentando truchas que por lejos estaban gordas.



Nicolás, tenia una contienda doble. Una excelente Arco Iris le daba furia... y Juancito... intrépido se adentraba al veril para un copeo de labrador... que a sabiendas no pretendía devolver.  Así entre esquives y huidas, da finalmente captura a una excelente trucha de unos 600 gramos. Una hembra bellisima que fue devuelta al agua, con plena disconformidad ladrada de Juancito.


Decenas de capturas... nos llevaban río arriba. descubriendo en cada animal, en cada trucha, un individuo distinto. Su temperamento, su fisonomía, nos llevaban a descubrir en ellos, identidad. Esa identidad que nos lleva a contemplarlos infinita e indefinidamente, a protegerlos con pasión, a describirlos, descubrirlos y hasta odiarlos. Pero en fin... a soñarlos por siempre. END


Autor: Jorge Aguilar Rech
Edición: Jorge Aguilar Rech
Fotografía: Jorge Aguilar Rech/Diego Peixoto/Nicolás Aguilar Rech
BROWN TROUT ARGENTINA
Copyright 2.012
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Glosario.
Pichintur: Cacique pehuenche, estratega y gran comandante contra las fuerzas españolas y huiliches: Su territorio llegaba hasta las pampas 
Currilimpi:Cacique de Barbarco, primo de Pichintur. escritor y poeta.
kaskawillas: cascabeles usados al tocar el kultrum