Navidad Fly


Desde nuestro espacio, todos los que hacemos BROWN TROUT ARGENTINA, les deseamos la mejor de las Navidades. Que en ella encuentren la paz, de un arroyo de montaña. Que cada brindis afiance nuestros deseos de buenos,  verdadero amor entre los hermanos, prosperidad y justicia. Que en este año, la sabiduría de la Madre Tierra nos colme y nos enseñe a ser humildes. Para poder así, heredar lo que se nos ha heredado.END

Autor: BROWN TROUT ARGENTINA TEAM
Fotografía: Nicolas Aguilar
BROWN TROUT ARGENTINA
Copyright 2.012
Todos los derechos reservados

Amor Amarillo. En busca del Gran Dorado.


Amor Amarillo... tal vez sea un amor poco correspondido. Nuestro Dorado, a veces se pone esquivo. A veces... a veces la aventura corre en otras venas, que no son las nuestras. No son las del agua. Son las de la carne.

Es extraño para los andinos y patagónicos... pescar en tremenda expresión de la madre naturaleza. Es salvaje pensar en aguas mudas y turbias, En aguas clientes, que gritan con la fuerza de una bestia. Contrastando el marrón de tinte tierra con el oro del cuero Dorado.

Ahí estábamos los cuatro... Federico y Guillermo Monserrat, Marino Polaco Remi y quien relata... despojados de equipaje, un par de varas, una caja que atesoraba plumas y una muda de ropa solamente. Salíamos rumbo Noreste... a soñar amarillo.


La euforia de la primera mañana, los saludos y los adiós se apagaban de a poco, cuando la Ranger devoraba kilómetros y kilómetros al norte. Norte que ardía cada vez mas. 

Llegamos a Atamisqui, entrando como púa de Vinal, por el corazón de Argentina. Atravesando la tierra de Chepes, directos por la Ruta 141 cicatriz de asfalto. Nos despertaban los ponchos Diaguitas de enardecidos telares, los cueros de bichas y el aliento húmedo y caliente de la selva Santiagueña.  Un paisaje pleno de arenas y arcillas, espinas y verdes profundos de Guayacanes y Algarrobos.  Y en el marco... el milagro del agua que lleva en su alma indígena,  la historia del color tierra, de la piel del nativo; el Dulce.



Las calles de tierra y el atardecer del pueblo, nos recibía como forasteros. Las caras de los niños y las personas grandes, nos miraban hasta perderse en el polvo del camino.  Unos minutos mas tarde, llegaríamos al  Hospedaje. Sencillo y familiar... alojaba a pescadores de todos lados, de todas las mañas y artes. Una especie de Babel pescadora, donde la biblia y el calefón, convivirían. La carne y la pluma sentados en la mesa.

Apenas llegamos, decenas de imágenes retro, nos palpitaban las pupilas.  Un viaje al pasado de instrumentos de casi 150 años. Nuestro dormitorio, nos guardaría... en  una noche de atado y estrategias,  entre isotónicas, Camparis y destilados varios.





Teníamos mas de 50 moscas, y 10 leaders de acero de 10 libras. Una sutileza que nos expondría mas tarde.  El sueño nos ganaba en la partida de la noche. Las almohadas heladas de aire acondicionando se convirtieron en las hadas del sueño, que nos separaba del abrazo de los 36° C del exterior.

La mañana nos tensaba las caras. Un desayuno con sabor a casa, nos daba el empujón para la primer mañana de pesca. La estrategia era vadear la zona de Atamisqui. Pasamos el pueblo y las sendas cada vez mas espesas de matas... nos metían al monte espinoso y húmedo. Los cactus cercanos, al medio día... hervían como en un sueño de fiebre. De fondo el violín reseco de los Vinales en la chapa de la camioneta, y el silencio del monte. Solo el silencio.

Nada ... pero nada anticipó al río. El silencio era la metáfora del agua que calla. Las sombras amigas...nos guardarían el refugio hasta la tarde.

Comenzamos a armar nuestros equipos. Personalmente, armé mi vara #6. Poderosa y liviana, me permite trabajar estas plumas pesadas, con gran precisión y presentación. Posteriormente... la temperatura relevada del  ambiente era de unos 32° C. Daba lugar para la línea de hundimiento intermedio, Fast II. La escasa cantidad de agua en el río la haría oportuna, pero no óptima.


Ya en el agua, el vadeo era cada vez mas profundo. Las arenas del fondo te invitaban a cruza el ancho del curso. Inmediatamente  nos dimos cuenta que dada la escasez de profundidad, la concentración de palos, y la gran precisión requerida, la opción de flote se hizo presente en el cassette del STH. Una noble Orvis Silver Label WF 6 F , trabajaba al límite de la temperatura en forma estoica.   Los miles de cast a los palos, se sucedieron de miles mas. Solo un huérfano doradillo, entre los palos... se hacia irrecuperable. 


Por otras varas, por otras manos, Federico, pinchaba un grandioso Dorado. Su vara lo peleaba de cuerpo entero.  Unos minutos mas tarde, le daban cobijo sus manos y lo devolvía al velo terraverde del agua.

Las aguas bajaban mudas, solo las moscas hacían ruidos y algún chapaleo que otro. Los Dorados estaban cazando. Así... pasaron las horas.  El medio día nos llamaba al refugio de las sombras que no se atrevían a refrescarnos.


Caía la tarde cuando Mariano, me acompañaba en el vadeo. Seguro,me comenta, -Acá saco el primero.  Un cast con su Sinking Tipp, a los palos... apena toca el agua detona a un Amarillo. El salto fue enorme, enfurecido de oro y escama... el animal peleaba por soltarse. Alejándolo de palos... lo varó en la arena. Previo a saltar tres veces más. Lleno de energía vital, el BG, lo muestra y libera acto, intacto.



La tarde, la temperatura y el lento pulsar del agua, nos dejaban solos...con las bogas y sábalos en coros de hatchs. La luz nos daba permiso para volver a casa.

El día segundo de vadeo, nos quemaba la piel. El día anterior, el sol había trabajado algunas partes de nuestro cuello y manos. Medio día en Atamisqui, nos dejaba con las manos vacías y solo un excelente Bagre, que se prendía profundo... en la mosca de Guillermo. 


Loreto, nos llamaba entre el viento y el agua. Cerca de las 14:00, nos hallábamos en los palos cercanos al puente. Era una postal de robadores y pescadores con carnada. El paisaje evidentemente mas urbano y manejado, nos permitió adentrarnos casi 1 kilómetro fuera de ruta por la pradera espinosa del costado este del río. Comenzamos a armar nuestros equipos y en instantes estábamos con el agua en la cintura, con las plumas a los palos. La estrategia era buscarlos en todos lados. Arriba, abajo, en los palos, en las correderas. Utilizamos líneas  de flotes WF, dado que el rango de temperatura nos permitía trabajar con ellas fácilmente, y un Sinking Tipp, que manejaba Mariano. Así lo hicimos... avanzábamos río abajo, sigilosos vadeando en línea. A metros nos encontrábamos con las primeras trampas de los lugareños. Habían pozos que hervían de sábalos.  Y predecían Dorados.

Entre espineles, trampas y  enramadas... nos cerraba el telón la noche,  las manos vacías .. las varas tiesas. Con el cuerpo empapado de sudor y ardor. El Dorado, que días atrás, aplaudía en las aguas del Dulce, se hacia esquivo. En la camioneta, evaluábamos y re evaluábamos estrategias. No quedaba mas que hacer. El día siguiente... flotaríamos desde Las Barrancas de Loreto.

La noche, se cerraba en nubes de tormenta. Flashes y oscuros, con estrepitosos truenos y rayos, nos intimidaban. Un viento saturado de arena,  nos movía la camioneta en la ruta, negra de sombras y luces. La lluvia prometía refrescarnos... pero no cumplía.  La tormenta se declaraba sobre nosotros. La lluvia caía sin cesar. Amenazaba la flotada del día siguiente.


La luz de día nos mostraba un gran barreal por doquier.  La Ranger apenas se podía mover en las calles barrosas de Atamisqui. Todo cargado en la pick up... cañas, víveres,  la tech en los estancos correspondientes... nos llegamos a Loreto. La casa de Alejandro Coria conocedor y guía de Mario Santillan Guiadas, nos cambiaba el humor. Hacíamos trasbordo a la Explorer, con una  montada balsa y  catarraft,  los que acompañarían nuestro derrotero por el Dulce.


En el medio del monte, las huellas empantanadas, nos obligaban a bajar de la camioneta, desenganchar el trailer con las embarcaciones y a mano... pasar el humedal. Repletos de barro... nos galopaba la mente para encontrar al río pronto. Minutos mas tarde, el río... se declaraba en franco y lento descenso.  Apresurados... comenzamos a armar el catarraft, para que los remadores Monserrat y Remi, iniciaran la jornada.



Primereando la costa de los palos... disponíamos a armar la balsa. Así con la distancia de unos trescientos metros, comenzábamos a bajar por la lenta lengua del río. Los cast largos.... entre 20 a 25 metros, prestaban centenares de moscas a los palos y al Dorado. 

Íbamos probando en cada formación.  Incluso... en los extensos flats y pegado al fondo. Los resultados, no llegaban. Con la experta guía de Alejandro, cada rincón de los palos era explorada. Imágenes perfectas, eran capturadas por mis ojos. Dorados cazando en el hilo del agua. Ante la presencia torpe de mis plumas, no acusaban mas que silencio. Lejos, a veces atrás nuestro, y a veces... en frente de nuestros ojos, los Dorados aplaudían.   Era un día extraño, nos comentaba Alejandro. Los Dorados deberían estar comiendo.

En una formación ideal...de  palos blancos como hueso. Hundidos casi por completo,  que desviaban la corriente principal y la dividían y arremolinaban, conformando un lies ejemplar. Estábamos a la altura del comienzo de Las Barrancas.  Nos posicionamos con el experto balsero, arriba de la corredera, a unos 5 metros. Lanzo al cabezal de la formación y en ese preciso instante una enorme masa de escamas amarilla emerge  toma mi pluma verde azulada y violentamente la sacude y se sumerge en el alma de la corredera. Tiro hacia atrás clavando al raudo animal... dejándome sin leaders, sin mosca y sin escamas. La imitacion de lagarto... había sido la detonante.


Mas adelante... un fino resabio de tierra definía una barranca de unos 3 metros de alto. Hacia allá nos dirigimos. Mientras Alejandro, se dejaba llevar por la corriente, reponía mi leader y lo cambiaba por uno de 20 libras, y hacía al acero mi mosca recomendada.  Posicionado casi paralelo a la costa y entre lineas robadoras y carne,  me subyugan las escamas de un dorado de unos ocho kilos. Mil veces presenté en los palos de la corredera. Poco decoroso, abatido y entre mis manos, un gran Dorado se entregaba. Un gran pez. Muestra de lo que el Dulce tiene... aunque sea por un tiempo mas. Segundos mas tarde... lo devolvería a su dueño, al río. 

Es increíblemente paradigmático lo que el Dulce despierta.  Desde su impenetrable manto marrón,   que  nos niega el fondo. Su lento correr, que nos da respuestas al folclore  de la tranquilidad Santiagueña.  Su exuberante fauna... entre xerófilas que nos cuentan la historia el calor infernal, la humedad y la sequía.  En este escenario de contradicciones, el Dorado. Nuestro Amor Amarillo. Hoy esquivo.

Dorado, esclavo de la natural carne de los espineles, de las redes y robadores. Dorado mío y mas aún... de los nativos. Dorado de un amor no correspondido de pleno. Dorado amor amarillo. 

AMOR AMARILLO Experience. from BROWNTROUTARGENTINA Fly fishing on Vimeo.

El amor amarillo tal vez sea eso... buscar a un pez excepcional, llegando al limite de cualquier mosquero. En un escenario de un río sobre pescado, donde también el paradigma se traslada a la metáfora de la pluma que cuida y la carne que diezma. END.



Autor: Jorge Aguilar Rech.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Video: Amor Amarillo Experience. Brown Trout Argentina
Fotografía: Jorge Aguilar Rech, Guillermo Monserrat, Federico Monserrat y Mariano Remi.
Protagonistas: AMOR AMARILLO EXPERIENCE by Brown Trout Argentina.
Agradecimientos: A  Alejandro Coria conocedor y guía, por su gran profesionalismo y compromiso. A Mario Santillan Guiadas, por la excelente atención brindada a este grupo, su gran compromiso con la conservación de recurso y nuestro trabajo. También por su gran atención al grupo, por lo cual lo recomendamos ( teléfonos  +543854711197/ doradosdeldulce@gmail.com /Mario Santillan y +543854758349, Alejandro Coria- Loreto, Santiago del Estero, Argentina).
Todos los Derechos Reservados.
BROWN TROUT ARGENTINA Copyright 2.012.


Pensamientos junto al Río.


Los verdaderos hombres... no matan Dorados. Y lo digo con el dolor de haberlo visto entre espineles, trampas y redes. Entre plásticos y robadores. Es hora de cuidar lo nuestro. END

Autor: Jorge Aguilar Rech.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Jorge Aguilar Rech.
BROWN TROUT ARGENTINA
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Todos los Derechos Reservados.

Las Pircas. El arroyo de las hadas

Es inevitable pensar en las historias del arroyo, cuando un pescador se interna en sus dominios. Pensar en cuantas almas... en los siglos, transitaron por él, cuantas personas, hicieron de sus aguas sustento de vida, alimentándose de los que ya casi... no estan. Que maldicion caeria sobre los nativos Huarpes, Bagres Otunos, y Cangrejos...

Los arroyos susurran las historias del tiempo.  El Pircas casi escondido, guarda sus historias entre el pedregullo, las espinas y el canto del agua. Los Huarpes escapaban de la esclavitud del oro, y se refugiaban entre sus quebradas. Hoy... volvemos a pescar entre las historias, volvemos a pescar las truchas de sus correderas, escapando también de la esclavitud moderna.


Llegábamos al Puesto de los Videla, al atardecer. El cielo plomizo, amenazaba. Pero las ganas de estar ahí, minimizaba el estímulo plomizo del cielo. Mientras habíamos subidos, a los 2.000 metros sobre el nivel del mar, la temperatura había descendido, así también las luz de la tarde que moría en nuestros ojos.

Las sombras de Josefa y José, deambulaban entre las arboledas del puesto. Un abrazo de amigos nos daba el calor faltante en el aire. Mientras las primeras gotas, duras de hielo, tamborileaban en las chapas del rancherío.

La noche nos caía en las miradas cansadas del viaje, mientras José no preparaba las sabias carnes del asado, regados con un vino noble y sincero. Que a la hora del fuego... nos alentaba a contar historias de cuatreros, Huarpes, cuentos de la luz mala y pobladores del pasado.



Las horas de la noche se hacían borrosas y las lenguas se iban secando de historias. El sueño nos apagaba la conciencia invitándonos a pensar en el amanecer.

El canto oxidado del gallo... me despertaba a la primera luz de la mañana. El aire fresco me dolía en mis pulmones. Pero me hacia adicto a él.  Los álamos blancos de la penumbra iban de a poco... pintando el cielo de amanecer. Y el gallo... implacable. Los ruidos del puesto se agitaban de a poco. Y el arroyo a lo cerca ... les hacia el coro de agua.

El amanecer en las montañas, es como un canto a la vida. Un evento que tiene magia de elemental y que  late.  Es la vida de la luz, abriéndose paso al frío de la muerte de la noche. Así... entre rosas y violetas congelados despertaban los Cerros Bellavista y La Espuela. La vida nos habría la escena y nos prometía.

Luego de consuelo del desayuno, nos preparábamos. Varas #1 y #3, con lineas de flote y leaders trenzados Duck Master, acompañarían nuestro día. La estrategia era esperar que el sol, calentara las piedras del arroyo y así, las Fontinallis y Arco Iris...  se despertarían del letargo del frío. 



Nos acercábamos al arroyo y bajo los clastos decenas enfurecidas de plecopteras y efímeras. Cada piedra hervía de macroinvertebrados. Pardo oscuros y selectas plecopteras claras. Nuestra mosca atada,  fue una Hare Ear, en alambre #22. Perfectamente atada a un invisible 7x.  Partíamos con una temperatura de 5,5° C, pero al llegar al medio día... la vida eclosionaba en la piedras.

Decenas de Mayflys, se desperezaban entre las caras secas de las piedras, pintadas de sol manchadas de sombras. Las hadas del arroyo... se desperezaban al calor.



La situación de temperaturara era perfecta para las secas... pero la escasa estructura del arroyo, nos limitaba al extremo de ser imposible trabajarlas.  Decidimos así, continuar con nuestras ninfas, trabajándolas en emergencia con algunas sub imago. Las detonaciones de las Arco Iris eran prominentes. Al finalizar la estructura mínima de la corredera... nuestra mosca bajando a deriva natural y al final... levantando la vara, simulando una emergencia; ahí... mordían furiosas.  Unas cuantas sacudidas y vehementes contorsiones, daban lugar a un laxo estado de letargo, típico de las épocas. 




Magalí, nuestro bello diamante, estaba solo a a unos diez metros arroyo arriba. Desde una roca que dormía sobre el borde del arroyo... sentada y cómoda como solo los niños están en estos lugares. En soledad... pinchaba una pequeña Fontinallis. Su segunda trucha en sus cortos cuatro años, levitaba... inevitablemente. A los segundos devolvía su captura a la seguridad del agua de su amado arroyo.

La hora del medio día, nos llamaba a un simple almuerzo entre las rosas mosquetas, veguitas y aromas de cilantros.  Fiambres y quesos, acompañados por un pan casero inigualable... nos daban respiro en el ascenso. 



De fondo... los brillos de la nieve cercana, el mantra del arroyo, los verdes secos y las sombras bajas de las rosas mosquetas, daban escenario... al mas bellos de los restó. 

Nuestras miradas se unian... padres, hijos y hermanos... en perfecta comunión con el arroyo, con el aroma, con el viento... con cada trucha pescada. Tal vez esa... sea la esencia.

Dando entendido que este lugar, este instante, este momento... era el mejor de nuestras vidas. Era donde queríamos estar. END

Mas fotografías en:
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Autor:Jorge Aguilar Rech.
Edición: Nicolas Aguilar.
Fotografía: Jorge Aguilar Rech, Pablo Aguilar, Benjamín Aguilar y Nicolas Aguilar.

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La herencia de un mosquero.

El maravilloso idilio entre la razón del pescador y el instinto de su presa.


Pedro mi nieto, nacerá en Setiembre. El sueño de mi vida, alguien de mi sangre que usará mis cañas, caminará los ríos que tanta alegría me depararan, tendrá mi bicicleta;  todo lo que fuera pasión a lo largo de la vida del tipo más simple y loco, su abuelo.

Hoy... imagino cómo pescará a años luz de los errores, la confusión, la desinformación de nuestros primeros años. Cuántas conductas que apenas pudimos modificar... él ni siquiera llegará a conocer.  Serán parte de un pasado  de pescadores dominados por la ignorancia, la desprolijidad; equivocados en el cuidado de un ecosistema, capaces de asociar el éxito... con la destrucción.  Por la tremenda estupidez humana de levantar en alto una miserable copa, que reflejara su habilidad con una caña, a veces lograda desde infames procedimientos. 



En Buenos  Aires, era común quebrar un pejerrey para llegar a la tan deseada medida, o aquellos ilustres pescadores del litoral ... capaces de presentar un dorado para su medición que, mágicamente tuviera restos de hielo en su dentadura. 

Como otros niños, no sabrá que... siendo niño su abuelo, no sabía que era un televisor, un teléfono móvil, y que la mayoría de los humanos morían de un ataque.  Tampoco tomará una mojarra viva para encarnar ni aceptará usar los torpes anzuelos triples consciente del daño que ocasionan.

Ya para ese entonces... los negligentes educadores serán superados por una información totalmente contemporánea, contenidos basados más que, en la revisión del pasado, en todo lo que contribuya a un futuro, sobre lo concreto de las realidades y no las abstracciones.

El tema de enseñar la germinación del poroto, cuando ese niño espera el colectivo en la esquina de la escuela, donde una de las tantas bestias humanas fijara el cartel que reconociera la empresa de colectivos, con un bruto clavo sobre el árbol premiado.

Cuánta irracionalidad, bestialidad, recorrer sitios naturales, llenos de belleza para ver infinidad de carteles indicadores ... muy telúricos pero recurriendo al mismo recurso... usar como sostén un árbol vivo y por supuesto el referido clavo. 


Quizás... la especie política para entonces hayan tomado conciencia de su inutilidad, su salvajismo ideológico, o quizá ya, hayan mutado como los insectos, transformados en seres más estéticos.

Como las mariposas que adornan nuestros ríos, no tengan nunca más idea de agredirnos desde su ignorancia y lo peor... contar con la colaboración de seres todavía más primitivos capaces de escribir leyendas referidas al futuro prócer en bellas rocas, árboles o puentes; siempre con la esperanza de que los que viajamos, descubramos a la bestia que se postula.

Qué equipo tan coordinadamente homogéneo, una bestia, más otra bestia , conformando una manada;  una tropa, una bandada de una especie que ya, como los del terciario debiera estar extinguida.


Que esperanza tengo que por la inteligencia, para entonces aprendan a distinguir entre los gritos de un simple ignorante a un hombre con palabras mesuradas. La inteligencia, el diálogo cordial, basado en el respeto, la capacidad de recrear el mejor futuro para todos.

Para entonces usará la mayor tecnología desarrollada, los equipos más sofisticados, pero que sustenten el verdadero espíritu de un noble pescador, formar parte de la maravillosa naturaleza, respetarla.  Ser feliz en ella...  no usarla como la mayoría de inadaptados que desde el anonimato, la oscuridad de su proceder y contando con la complicidad de los ignorantes de turno, utilizan redes, explosivos, matan en minutos la labor de años de la vida.


El estigma de nuestra pesca... la utilización de materiales naturales, será parte de la historia. Las grotescas moscas actuales de materiales sintéticos, se reemplazarán por otras tan estéticas como las de los siglos pasados, cada vez más simples, que guarden relación con sus juguetes, sus juegos, el ábaco, los porotos de nuestra aritmética... lo hallarán en los museos.

Los pibes de los tiempos que vendrán... no usarán un cuero de un gallo para quitar la pluma que dispondrá en su anzuelo para las famosas dry; serán conscientes que el pobre gallo no se suicidó, se lo mató al pedo, como los cientos de especies que los shoppings desarrollaron, simplemente para recrear a la manera de la historia... sencillamente, matar desde la justificación.

Vivimos en el siglo XX... el de las mayores aberraciones humanas, el de los mayores avances tecnológicos aplicados de idéntica forma, para salvaguardar la vida o producir las muertes más atroces de la especie humana. Pero serán pibes, sin dudas mucho más lúcidos, rescatarán lo mejor, lo que supimos abandonar, en este juego de hacer prevalecer la ignorancia sobre la inteligencia.

Cincuenta años de experimentar tecnologías en los materiales, para volver al principio de la pesca con mosca.  Su sutileza, la estética;  su simpleza, la dramatización de los individuos que hoy... a diferencia de siglos, conocemos.  Ya, el movimiento no será el único recurso convocante como lo fuera por siglos, solo la creación desde la lectura del agua, las referencias de cada río, en ese maravilloso idilio entre la razón del pescador y el instinto de su presa.


Se comprometerán como seres racionales en crear, no coleccionar. En no ser engañados... como en un casino; con la esperanza de un pleno.  La funesta mosca éxito del año, sustentada por el desarrollo económico de la empresa que la promocionara .

Yo deseo...  e imagino a Pedro, sentado a orillas de un río, solucionando su problema de identificar los seres que se interrelacionan, tratando de representarlos en un anzuelo. Teniendo como respuesta, el lograr su captura.


Lograr esos momentos de felicidad, que nos depara descubrir esas manifestaciones extraordinarias de vida, que apasionaron al hombre en todos los tiempos.  Un bello y astuto pez , habitante de una desconocida e incontrolable corriente nacida en las mayores alturas del planeta.

Ya lo imagino agazapado, tras una piedra tratando de descubrir su trucha, analizar su comportamiento, usando mi caña de 6´para #2, o mi #4 ... todo terreno para los ríos que he disfrutado conocer y pescar. 

Pensar que su abuelo llegó por primera vez al Malleo, con una 8´1/5 de vidrio para #8, se paró en las rocas más grandes a manera de plataforma de lanzamiento, con la convicción que manejando toda la línea, la pesca era segura.

Cuanta torpeza que tuvimos que superar. Unas ninfas de mamíferos, atadas en #4 y  #6, unos streamers que espantarían hasta los chivos de los mapuches de aquella época. La cuestión era tirar... cuanto más lejos... mejor; cuantas más veces mejor.  Todas las estupideces no imaginadas, la mismas que ejercitaran algunos famosos, muchos de los cuales transformaron en éxito, la ignorancia de su proceder.

Las truchas del pasado reinaban en la soledad de sus espacios, el pescador no había sido reconocido como un predador. Hoy pasarían tan desapercibidos, como un pingüino en el África. Ya solo los músculos no pescarán; si, el juego racional de leer la música del río .

Conocer los seres que la emiten a la perfección, serán los pocos exitosos. Las truchas también aprenden. Ya la empanada y el vino de los políticos, las alpargatas, los libros de nuestras primeras lecturas no confundirán más a los niños de las próximas décadas.  El mundo, sus conocimientos estarán a su alcance.  En el 80 descubrimos que el automóvil más pedorro japonés venía con aire acondicionado, cuando en nuestras pampas un encendedor había que pagarlo como un accesorio.

Quizás mi querido y deseado Pedro... algún día, leyendo esto piense sobre el origen de la estafa que le tocara vivir a su abuelo en su existencia. 


Pedro te aseguro... te voy a enseñar a tirar tan lejos, como pocos pudieran.  Tengo la esperanza que logres tanta distancia que al menos... ver tu línea dónde estuviera, me de la alegría que te has convertido en un hombre feliz, tanto como yo lo fuera a lo largo de toda mi vida, pescando.END


Edición: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Jorge Aguilar Rech/Pablo Matthews/Sebastian Pagano.
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Potrerillos. Pescando las Marrones doradas de invierno.


Pareciera que todo en Mendoza en los meses fríos se tiñe de amarillo oro. Los verdes del solsticio de verano comienzan a teñirse de amarillos, ocres y oro perfumando nuestras calles y acequias de tites de madera y hojas secas. Con el mantras incansable del canto de nuestras acequias. Por aquí corren duendes del agua que nacieron en el hielo de las montañas. Esos mismos duendes son los que en el valle de Potrerillos cuidan y protegen a nuestras enormes truchas marrones.

Duendes de oro que le dan tinte al cuero salmonido. En estos días de poca luz y pocos grados, las marrones de Potrerillos comienzan a manifestarse. Son grandes con un carácter fuerte y combativo.  

Las hallamos colmadas de ovas o espermáticas en pleno frenesí reproductivo. Nuestras moscas intentan imitar a Dragons o similar pequeñas mojarras intentando pincharlas.

En el mediodía mendocino con escasos grados pero mucha motivación salimos rumbo a Potrerillos con Ramiro Llosa y Germán Gil, rumbo al oeste por la Ruta 7. Nuestro primer destino era pescar la costa norte. A la altura del viejo puente ferroviario cruzamos el Rio Mendoza con rumbo a la Quebrada del Toro. Encontramos que agua y las ladera forman extensas bahías con profundos pozones. Aquí es donde viven nuestras marrones.


Con la intención de calmar nuestros instintos culinarios, Ramiro preparaba un pollo al disco. Mientras ensamblábamos nuestras #5 e inflábamos nuestros Float Tubes. Como estrategia planeábamos flotar las costas y hundir plumas con 150 Grains. Ramiro, nos había recomendado un atado de su autoría, un Woolly Buger con Cristal Flash y Beat Head, en alambre 10 intentando imitar con ella el brillo de una escama de aleviar o escama o simplemente irritar.

Cerca de la orilla comenzaron los piques. Ramiro entabla pelea con una arco iris de unos 800 gramos. Tras minutos de lucha logrado zafarse; dejándolo con las manos vacías. El viento, ahora insipiente, nos intentaba llevar al oeste. Así fuimos dibujando la bahía. En un momento la vara de Ramiro se arquea su musculo atento responde y comienza a librar su segunda batalla. Ahora ne lo profundo, abajo. Toda la tencion indicaba el tinte de su cuero marrón, la intensidad de los espasmos era enorme, las corridas a lo profundo muy pronunciadas. Denotaban su robustez y raza. Luego de unos minutos los 1700 gramos se hicieron en la superficie. Entrando en la red del copo, regurgitando mojarras.


El frio nos congelaba el animo cuando las dieciocho horas se hacían en nuestro reloj. Después de algunas horas en el agua, ningún traje térmico responde. Quizás es mas fiel el gran entusiasmo, y la motivación que nos lleva a pescar con tan pocos grados de temperatura. Retornando a  contravento íbamos haciendo algunos lanzamientos determinados. Descubrimos una excelente bahía colmada de vegetación y enormes mojarras que se veían entre nosotros.

Germán decide atar un Zonker en alambre 5. Tira hacia la orilla y en su segundo intento siente una tomada. Que inmediatamente se traduce en una batalla. Con los brazos arriba la batalla se extendía por unos minutos, era otra marrón que cerraba con su devolución las horas de la luz. 


Desembarcamos en la orilla y unos mates oportunos intentaban calentar nuestra congelada sangre. Era hora del retorno, soñando con la promesa del nuevo día. 

El nuevo amanecer abría los sueños de la segunda jornada de pesca. La montaña cercana nevada a pleno y las heladas brisas del oeste, nos postergaban la hora de mojarnos nuevamente. Los waders aún mojados no querían hacernos fácil la tarea. Ante toda adversidad las ganas se imponían. Hoy buscaríamos la más grande, decidimos como estrategia del día pescar la zona sur en el sitio del Bosquesito. Sosteníamos la misma idea de hundimiento y dada la temperatura y la incidencia inminente de la luz nocturna, utilizar las mismas moscas de la jornada anterior. La brisa amiga, hoy un poco mas vehemente nos llevaba cada vez más cerca de los árboles.


Germán, aprovechando esta situación hace un lanzamiento hacia unos arboles hundidos. Apenas deja hundir trae con pequeños tirones e inmediatamente una tomada enorme ataca su mosca, una corrida veloz y extensa hacia los troncos le sacaba línea haciendo rugir el reel, que hacia ecos en el bosque.


Los minutos se extendían para llevar la captura a sus manos. Finalmente una bella marrón se mostraba al sol tenua, con brillos dorados. Fue devuelta al agua inmediatamente. Brindábamos todos con un Chivas Regal de 12 años que intentaba darnos calor nuevamente. La tarde se iba cerrando y no hubieron nuevas capturas. El frío y una indiscutible pinchadura en mi wader me adelantaba el el retorno. En la costa y una vez seco, preparaba un café caliente para Nicolás, Germán y Ramiro. Quienes llegaban a la costa en primeros minutos de la noche. Abrazando las tazas de café, calentábamos nuestra manos. El aire se inundaba de los relatos de hoy y los recuerdos de ayer. Las ganas de volver a pescar Potrerillos buscando las gigantes doradas de nuestros sueños.END

Autor: Jorge Aguilar Rech
Edición: Jorge Aguilar Rech / Benjamín Aguilar
Fotografía: Germán Gil / Ramiro Llosa

BROWN TROUT ARGENTINA. 
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Pensamientos junto al río. Somos agua.




Somos parte del universo, somos parte de todo lo creado. Le pertenecemos a él... a nuestra tierra. 


Solo podemos observar como el mismo universo, se manifiesta ante nuestros ojos. Habla  con el mismo idioma, se expresa con las mismas formas. Las venas y arterias de nuestro cuerpo son los ríos y arroyos de nuestra tierra.


Todos los seres vivos, nacen del agua. Somos agua. Somos seres de agua.  Hermanados por ella, con todo lo existente. Nuestros animales, nuestras plantas, son hermanos en este curso de agua. 


El pez que pinchamos, deberíamos tratarlo en consecuencia. Y si su destino es alimentarnos... agradecer su sacrificio con respeto. END






Autor: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Sergio Vicente.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
BROWN TROUT ARGENTINA
Copyright 2.012
Todos los derechos reservados.

El Río Mendoza. El río maldito.

Al río maldito... lo amo; lo admiro y lo cuido. Pero creo que está maldito. Maldito por su vulnerabilidad, por su  admirable, extraña, mundana y desesperada belleza. En algunos cuadros... parece contar historias del pasado, de fantasmas de hierro, usinas y trenes. Quizás este maldito, por estar tan cerca de nuestra humana maldad. Nuestra incoherencia ambiental ... nuestra sordera a la conciencia. 

El maldito de los ríos, se deja arrebatar a sus hijos adoptivos  de escamas, por los que matan y matan por centenares. Y nosotros... los pescadores con mosca, devolvemos quizás, las truchas que los otros matan. Cuidamos, el río que otros contaminan y asfixian con diques asesinos.

Me consuelo, sentado en la sombra de una piedra y me digo a mis adentros.... serán estos, los Osos del Hemisferio Sur. Será que tal vez... nada escapa al viral instinto humano. Al incontenible afán de poseer, de ganar... de darse trofeos.

Es la primera vez en años... que veo, a tres jinetes arrebatando truchas con redes a la altura del cuidado Arroyo El Alumbre. La manos, las redes y los caballos, del infierno. Actitud tan humana, que igualmente...  maldigo.

Dias atrás... habíamos estado pescando con Nicolás y el  iniciado  Marcelo Domizi, con unas capturas fabulosas, a la altura del puente de hierro de Potrerillos, en la estación del mismo nombre a mas de 1.335 m.s.n.m. Buscando lo perfecto, lo sano, lo justo. 


Buscando honrar a la tierra, que nos dá... bajo toda adversa condición; la vida. Ese sensible hilo que une a la expresión vital en las tierras y aguas andinas. Por eso... somos sutiles. Para honrar la vida.

Salimos de la Ciudad de Mendoza, tarde. Mas allá de la media, comiendo distendidos al llegar a la Estación Potrerillos.  Finas cecinas, quesos y pan casero,nos daban ánimo para iniciar la jornada vespertina.  Ahí estábamos... junto al férreo trazado del ferrocarril, armando nuestras varas # 1 y # 3. 


Nos acercamos al río, descubriendo su grado 5... ideal. Totalmente transparente y premonitor. Las piedras mudas del río... no nos hablaban. Solo humildes tricópteras despabilaban de los brillantes clastos.

Sabíamos... a las claras que debíamos imitar una tricópteras desprendida de algún pedregullo; en lo profundo.  Un trabajo lento.  Casi sin moverla y que profundice. Así, fue la técnica para mi Hare Ear Rubber Legs con Bead Head. 


Ya en lo profundísimo de un verde pozón... un contundente y leve espasmo denuncia al músculo, y aviva a la mente, con un pique. Una bella Arco Iris mostraba su vientre blanco, y se iba a lo profundo a pelearme. Abajo, tomaba la corriente,  para intentar zafarse de mi alambre #14. Minutos de lucha, la llevaban a la costa sin agua para encallar en mis manos. Una hermosa hembra de unos 50 cm, robusta por 1000 gramos y pintada apenas. Me encantaba con sus bellezas. Me databa su origen de recién llegada al lugar.




Devolverla al agua... expiaría mis culpas, lavaría mis manos que no serian manchadas, y haríamos las paces con el vientre materno del río. Mañana... se romperían mis ilusiones... mañana seria el maldito.


Metros mas arriba, mi emoción electrificaba la línea de flote... aun, cuando me propongo trabajar un gran pozon y permitir que mi mosca ascienda y descienda en un gran remolino. Impacto descomunal hacia abajo me irritaba la adrenalina. Increíbles y fuertes espasmos repetían la experiencia de la captura anterior. La virulencia de arqueo de la vara, me lanzaba a imaginar su volumen mucho superior. Su plata salmonado, me deslumbraba. Hasta me era difícil hacer foco sin quemar la exposición al brillo del sol. Mi residente era mucha mas grande... y de perfecta escama.




El anti río, algunos le dicen. Quizas sea el Mendoza, un río que desconcierta a lo establecido. Las tecnicas a emplear, son cambiantes, como el río mismo. Para tener captura, hay que leerlas a tiempo. Los lanzamientos up stream típicos no resultan muy beneficiosos. Si... lo hace, el lanzamiento a travez, apenas rio arriba, con mends positivos o proactivos para evitar el drag. Ya rio abajo, nuestra pluma deberá ser libre y profundizar. Desde abajo, comenzaremos el lento movimiento de una tricóptera, desprendida por accidente... casi nulo. Es este el disparador, cuando el agua esta en estos grados de transparencia (1º= 1m, con un maximo de 5º).


Pasaban las horas, y lejanas sombras de pescadores, nos acortaban la subida. Las brizas frescas de la tarde, se mezclaban con el caliente aliento del Zonda.  Y el hambre nos llamaba a regresar.  En la camioneta, las varas descansaban en sus tubos y nuestras almas esperaban el día de mañana... para seguir pescando.


El segundo día de pesca amanecía con el oeste borroso de tierra. Las líneas de la montaña, eran solo una sombra impresionista. Nos animamos y nos adentramos al polvo. El trayecto nos sorprendería, dado que en Potrerillos el cielo estaba limpio. El río... el río denunciaba el deshielo de las cuencas altas que habían enturbiado su manto de agua. Aun así, estábamos dispuestos a aceptar la condicionante. 


Bajamos con nuestras varas y el río nos mostraba su grado tres... de transparencia. Probamos las Hare Ear, sin tener muchos resultados. En una de las correderas trabajando una de mis moscas con gran lentitud, asoma un lomo, que se retuerce y muestra su vientre blanco, y se sumerge en lo profundo del pozon. Decenas de intentos mas... no me daban captura.





Continuábamos pozón y correderas mas arriba. La turbidez del Mendoza, nos iban dejando con las varas tiesas y las manos sin capturas. Decidimos entonces... bajar, sin pescar hasta el la formación donde había vistos a la Arco Iris, tomar la Hare Ear. Cediendo el turno a Sebastian, lanza corriente a través y deja a deriva natural, profundizar la mosca. La tomada fue inminente y fuerte. La lucha le traía a sus manos la única captura de la tarde.


La belleza de este río... su eternidad; lo efímero y temperamental, lo hace extremadamente bello. Extraño e intrigante. Capaz de albergar en sus profundos verdines, truchas de mas de 4 kg.  Ese carácter lo hace adictivo, durante los únicos meses que se halla pescable.


Decidimos entonces cerrar la jornada. Cansados, abatidos por la tarde y con ausencia de emociones... regresábamos.  


A lo lejos, cual Quijote... vislumbro su maldición. La maldicion de mi río. Tan cercano a todo que nuestras manos mismas, lo secan, lo contaminan, lo vacian de vida. El Gigante de la falta de controles y el incumplimiento de las leyes por parte de esa gente que cree que el ser humildes, lo habilita a todo. Caballos con redes y manos piratas. En el lecho mismo de mi río. Predadores de lo nuestro buscando ventaja en la mansedumbre de la tarde. Centenas de kilos de truchas en andrajosas bolsas... serán llevadas a quien sabe donde. 


La impotencia de nuestras miradas... se sellaba en un puño apretado que ya no lucha. Reflexiono... quizás, lo nuestro ya no sea pesca. Es una sofisticada poesía que ronda entre el ego, el romance, el dolor y el dominio. Quizás... nuestra razón, nos haya convertido en bulimicos del río. 


Bajo la cabeza y los miro. Un extraño gesto en mi cara. Me doy vuelta respirando el dolor. Vuelvo a casa despojado y confundido. Convencido de que devolvemos las truchas que otros depredan. END





Autor: Jorge Aguilar Rech.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Jorge Aguilar Rech
Sebastián Pagano/Nicolás Aguilar.
BROWN TROUT ARGENTINA
Copyright 2.012
Todos los derechos reservados.



Cerrando El Tordillo Superior.

El invierno pinta las montañas de blanco en Mendoza. Los aires en la ciudad huelen distintos. El aire se siente mas puro. El aire del invierno, es fácil de respirar.  El color se torna en ocres y amarillos, que nos invitan a dormir.  Las hojas secas de los plátanos nos perfuman el aire de almizcles de madera. 



Era medio día... cuando decidimos dejarnos llevar por el llamado del valle. Dejando atrás la ciudad, el auto devoraba asfalto rumbo al sur. Llegábamos a Malargue, tarde. Casi a la hora del descanso.

La noche, nos cuidaba en casa amiga y, la mañana nos hacia llegaba temprano. Transportándonos a otro lugar... con los sonidos del Campanario de Malargue. Los acordes de la mañana son extraños, para nosotros. El campanario, y el pulso de una ciudad distinta me corría de frecuencia en mi inconsciente. Pero un mate silbado con yerba ahumada... me arrancaba de mis viajes matutinos y me ponía en lugar... estaba despertando y soñando con el Tordillo.




La helada mañana, nos obligaba a evaluar ropajes técnicos. Decidí por pura cobardía térmica, ponerme las pieles, el Wader y las botas y... así, evitar toda variación en la temperatura del cuerpo. El camino nos atrapaba de paisajes y la Virgen Negra de los Arrieros,nos llamaba desde el otro lado del arroyo. Aquí paramos unos minutos... - solo pa´ encomendarnos-.

Seguimos raudos por el camino de tierra, camino al Tordillo Superior. Los blancos del invierno, había espolvoreado su friso de tiza por todos lados del camino durante la noche. 

El Tordillo se hacia nuestro y llegábamos al punto planeado. Así... baje de la camioneta, desperezándome y dejándome abrazar por el ente del aire del Valle. 

El sol tímido del mes de Mayo, apenas negociaba  estar... en el cielo del Valle. El frío calaba cada poro descubierto. Los hielos crujían  al paso de nuestros pies.




El agua del Tordillo era diáfana, inocente y perfecta. Su temperatura apenas, despertaba a las truchas. Unos 6º C nos separaba del hielo de la noche. La vida explota... aun con frío. Las robustas Stones, Tricópteros y Efémeras, eran parte del menú. Y la mesa estaba servida. Unos grados mas arriba, despertaron los piques.


Los primeros ataques a las Pheasant Tails, presentadas Up stream ... fueron muy tímidos. La #1 sensible y perspicaz, me ayudaba a clavar las primeras tres de la jornada.  Un leader torcionado y tippet 7 x, armaban una extensión de unos 9 pies. Tibias luchas de truchas fornidas, que solo atinaban a lanzarse corriente abajo.  Sumado de vectores, que hacían una experiencia notable a la hora de la pelea justa.




El Tordillo despertaba de a poco. Caminando río arriba, despacio y casi al acecho... me encuentro con una gran Arco Iris que despertaba del sueño, bajo el socavón de una cortadera. Animal de unos 3 kilos que al verme... huía lentamente río abajo. es indispensable, me dije a regañadientes, ser imperceptible.


En la vera contraria Nicolás, Marcelo y Diego sostenían sendas batallas. Metros mas abajo nuestro amigo Copito Barifuza, nuestro Master Chef y experto Bartender, también arreglaba asuntos con una preciosa Arco Iris.


Nicolás, había atado una Soldier Palmer en alambre #8 en Chenille amarillo. Una irritadora por excelencia. La cual no demoró en traerle captura. La estrategia de Nicolás, fue lanzar aguas arriba y río a través, posicionar la linea de flote en la secundaria y traer con la técnica del ocho, lentamente. así... unos metros y luego repetir esta operación. La pelea fue contundente. Al tomar la mosca, la trucha escapaba a la corriente principal y se lanzaba  río abajo. Después de unos segundos, una Arco Iris de unos  600 gramos. Las manos heladas apenas daban para devolverla al agua.




Diego, río arriba, trabajaba con línea de hundimiento del 150, una Matuka marrón oscuro. Un leader corto de 5 pies, terminado en 5 x. Utilizando la misma técnica de Nicolás. Estremecía su vara, una trucha flaca, de gran longitud y poderosa musculatura. La pelea fue corta, y la  trucha devuelta al agua. 



Era ya el cenit, y decenas de chillidos de Gaviotas Andinas nos cubrían la cabeza. Probablemente algún animal muerto recientemente las atraía. Tal vez , la gran baja del nivel del agua, dejaba al descubierto algún grupo de peces agonizantes... Nos encontramos con varias charcas casi secas con cadáveres de truchas. Diego... tenia varios ataques en su mosca. Obteniendo algunas Marrones bellisima y varias Arco Iris de mayor tamaño. Mas robustas... de aproximadamente 1,8 kilos.




Mi vara sensible, continuaba trabajando las Pheasant Tails, de ribetes rojos, la cual también obtenía algunas Marrones de unos 400 gramos. Profundas y desmedidas peleas, me brindaban las marrones. Pintadas de batalla, me daban el honor de poder tenerlas  en mis manos.

Cayendo la tarde, las sombras pintaban algunas laderas de hielos. La vegas blancas e inmóviles nos daban pauta de la época del año... de la dureza de este entorno durante el invierno.

Diego y Marcelo, habían elegido una estrategia muy distinta a la Nicolás y yo. Buscando runs o profundas correderas, sus plumas profundas buscaban a las truchas abajo en el verdín. Nosotros ninfeabamos, up stream en estructuras mas pequeñas.


Saltos enormes, espasmos aguerridos y furiosas luchas, nos muestran la salud de nuestras truchas aun en épocas donde deben estar mas aletargadas.






El retorno, anunciado por el UHF, nos quería dar unos minutos mas de pesca, el nunca último cast... el perfecto instante de la hora mágica.  Instante supremo que traería algunas capturas más. 


Ya en el retorno, crujiente de guijarros... nos esperaba  Copito, con el elixir de las destiladas .... un Chivas Regal de 12 años, que nos daba grados a la ausente temperatura y firmaba la alianza entre amigos, el río y el pez. 


 La luz del Tordillo se apagaba para entrar en un sueño de invierno. END


Autor: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Jorge Aguilar Rech/Diego Peixoto/Leandro Ferioli/Nicolás Aguilar/Marcelo Perez.
Video: Jorge Aguilar Rech.
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