El sadismo de la mosca.

La compleja contradicción de pescador.
Entre el dolor del pez y el placer de la devolución.


Nunca… los humanos lograremos concretar producto de las investigaciones científicas, la vacuna mágica del mayor flagelo que nos caracteriza como especie. Nacimos necios, la vida nos convirtió a algunos en analfabetos, otros ilustrados… todos, con el gran don de mentir y en ello, acomodamos nuestra conducta.

Durante años, hemos pensado en el tema. Hemos debatido y hasta lo hemos intentado concluir. Decenas de voces, se descifran como los dueños de la verdad, y representando el pensamiento de la mayoría. Otros se convencen que es realmente una necesidad, el plantearlo. Los más carismáticos… sacralizaron conceptos y en ello nuestra actividad comenzó a postergar verdades, estudios y realidades. Conformándonos con lo que simplemente… nos servía. En la pesca con mosca, en la naturaleza y por ello en el hombre mismo, nada es definitivo.

Dentro de este marco, respetaremos como siempre la diversidad de opiniones y actitudes dentro de esta actividad. Pues ello nos identifica como humanos, singulares, exquisitos…únicos y curiosos.

El teorema.

Con mi amigo Darío Pedemonte, conjeturábamos sobre este tema… convencido de que el hombre… naturalmente, mata. Es su verdadera naturaleza, su instinto predador de cúspide. Mata además otras especies, monta a caballo, otro tira de un carro, enjaula un pájaro, tiene un gran danés en su departamento, un gato en la cama. Domina, mata, consume, usa.

Tal vez… sus sentimientos, sus emociones justifican todo. Es su verso, su discurso. Para una gran comunidad de pescadores, un pez no se expresa, no sufre. Es un ser casi animado. Comparte imágenes en nuestra cámara fotográfica, nos espera aunque la busquemos en el auto a doscientos metros de distancia, lo registramos con la caña, con la gorra, nos ponemos la caña en la boca para mostrar la marca del equipo. Hasta para este acto incomprensible… encontraríamos justificación.

Las certezas y las verdades.

Lo cierto es que la pesca nos colma, nos nutre y motiva. Cada individuo halla en ella, lo que en su interior necesita.

Lo cierto es, que el rigor científico, es quien determina la verdad en los temas de la naturaleza. Soslayando toda intención romántica, renacentista y poética.

También lo cierto es que disfrutamos de una captura con el dolor del pez. Aunque este dolor no sea percibido por el humano.

Nuestra naturaleza humana responde a nuestros impulsos ancestrales. Al instinto de conservación. A ese instinto de alimentar a la tribu. Al impulso que nos agrupaba para realizar la actividad de pesca.

La pesca es ello, un impulso del instinto. Impulso que, a través del tiempo hemos desarrollado de distintas formas, modos y lo acomodamos a nuestras necesidades e inquietudes culturales y sociales.

Hemos envuelto en ello...unos más, otros menos, una determinada y sacra actitud. Eso es un proceso típico de la culturización de la modernidad.


La controversia. El planteo.

Si bien... en lo cierto que envuelve esta verdad, existe otro hecho que debemos tener en cuenta: Somos pescadores y ese hecho nos enfrenta a la realidad de que... para pescar, debemos tomar determinada actitud para con el pez. Esta actitud es la que mediante un conjunto de ardides, convierte al pez en pescado.

La acción de pesca, infringe un impacto al medio en el cual, la actividad de pesca se ejerce y específicamente un estimulo determinado al pez.

En simples hechos... para tomar un pez, debemos infringirle un estímulo. El cual. Primeramente no causa impacto mayor a irritación, hambre, entre otros y que al ser pinchado, le provoca indefectiblemente un estimulo altamente negativo, como dolor, desorientación y stress. Así sostienen estudios científicos que desde el año 2.003, se efectúan en el mundo y en la cual se afirma que la pesca es dolorosa. Comprendiendo que la pesca con mosca es la menor impactante, y eso es un hecho.

El sustento científico. La demostración.

No es posible pensar que los peces no tienen receptores del dolor, los necesitan para poder sobrevivir. Así lo comienza a sostener el Profesor Frank Hurd, biólogo de la Universidad de Melbourne, Australia.

El dolor es un reflejo útil de un organismo, que le permite evitar daño o deterioro vital. A la vez de aprender, en contraposición del estimulo. Esto se puede determinar por efectos externos. Por cuestiones fisiológicas, un pez, no puede emitir sonidos netos, cuando están sufriendo, su comportamiento debería ser prueba suficiente de que sienten dolor cuando son enganchados o atrapados en una red. Luchan con todas sus fuerzas por escapar, esto demuestra tienen un interés por sobreponerse. Tensan sus músculos, sangran, roncan… entre otras expresiones.

Se ha demostrado que, los peces tienen un sistema altamente desarrollado que puede protegerlos de dolor severo, el cual de persistir o agravarse podría poner en peligro su vida, como ser una herida provocada por un gran predador. Su sistema muscular se tensa, ante la manipulación... eso habla de la reacción al estimulo.

Este sistema libera sustancias opióideas (encefalinas y endorfinas) una vez que el animal ha sido lastimado. La presencia de este sistema supresor del dolor, implica que en estos animales, debe haber capacidad de experimentar dolor. De otra forma, este sistema no tendría razón de ser.

Toda pesca con anzuelo causa daño tisular, en términos médicos, ocasiona heridas. El tejido del pez, cuando es removido fuera del agua, está sujeto a una presión diferente a la que está diseñada para estar sujeto dentro de ésta. Como consecuencia, se producen alteraciones en varios sistemas periféricos, afectando la presión del sistema linfático y sanguíneo, y la respiración. El sangrado empieza a ocurrir a partir de las agallas y, en vez de dispersarse, la sangre se coagula y reduce la superficie de respiración.

Aún más significante, son los efectos de desecación y la manipulación de la piel y las agallas. La superficie más externa del pez no consiste en escamas, como se supone. Las escamas se encuentran ubicadas en la dermis o capa media de la piel. La capa superficial es la epidermis, cubierta con mucosa. La epidermis es un tejido transparente muy delicado que, cumple un rol esencial en el control fisiológico del balance de fluidos entre el pez y su entorno. Es además, la barrera entre el pez y la amplia variedad de microorganismos patógenos que se encuentran en el agua. Al manipular al pez, ya sea reteniéndolo en una red o quitándole el anzuelo de la boca, se está dañando esta delicada capa.

Los efectos producidos por las pescas de larga duración, esto es, donde el animal termina exhausto, tampoco deben despreciarse. Cuando los peces teleósteos son severamente estresados y ejercitados hasta el agotamiento, utilizan su sistema de músculo blanco, el cual difiere del músculo esquelético rojo de los vertebrados superiores, en que es anaeróbico. Este sistema muscular es muy eficiente a corto plazo, pero a largo plazo produce grandes cantidades de ácido láctico, manteniendo al músculo con fatiga prolongada. En el caso de que el pez sea liberado, si está completamente exhausto, será prácticamente incapaz de moverse durante varias horas después de la captura. En este tiempo, estará en peligro de ser atacado por predadores o lastimado por el ambiente.

Tanto el Departamento de Conservación de Vida Silvestre de Oklahoma, como la Universidad Tecnológica de Texas, han realizado estudios sobre la tasa de supervivencia en peces capturados en torneos de pesca (con posterior liberación) en un período de 6 días. El estudio de Oklahoma reveló que el 43 % de los peces murió luego de haber sido devueltos al agua. Los números que obtuvo la Universidad Tecnológica de Texas fueron aún mayores: el 62% de los peces no logró sobrevivir.

Daniel Wegrzyn y Silvia Ortubay, excelentes científicos argentinos autores de libros como Salmónidos en Patagonia I y II, sostienen la disparidad de opiniones y trabajos en base a este tema. Por un lado , el Doctor James Rose, neurólogo de la Universidad de Wyoming, Estados Unidos, avala la ausencia total del dolor en base a la carencia de una neuroestructura y que solo responden a un estimulo nervioso. Quizás ahí radique la distinción en el tema, dado que el estudioso americano compara el sistema del pez como el del humano. En el cual seria una experiencia psicológica-neuronal perteneciente al área de la corteza del cerebro que en esta situación el pez carece.

La Doctora Lynne Sneddon, de la Universidad de Edimburgo, sostiene que la existencia de características fisiológicas de los seres que si sienten dolor esta presente en las truchas. El tálamo, los neurotransmisores, órganos sensoriales, Todo ello conduce a la deducción de que su existencia, implica el fin de la producción de un estimulo doloroso. Estimulo por ende, distinto al de los mamíferos, pero dolor en su contexto…al fin.

Un hecho diario es que el pez aprende con las experiencias negativas. Cuantas veces decimos y escuchamos...estas truchas saben leer y escribir. Ese proceso de aprendizaje se relaciona directamente al dolor infringido.

La Captura y Devolución no es magia.

El concepto del Catch and Release, es ideal, desde el punto de vista meramente científico, para algunos ambientes específicos, con características de biomasa determinadas y sobre todo con una geografía determinada.

Geografía que en un ambiente saturado de rodados, clastos, borde y puntas, la captura determinara un gran daño al pez. Expondrá a la agonía de un ser herido y maltrecho en la naturaleza. Sobrevive el apto, el sano, el vital. La naturaleza no da lugar a débiles y enfermos.

La devolución en un ambiente superpoblado, provocará un gran daño a la pirámide poblacional del mismo. Todo circunscrito en estas latitudes en donde la trucha no posee predadores naturales significativos y es predador de cúspide. La devolución sin dudas enfrentara a ese organismo, a una competencia enorme entre sus congéneres, representando una gran desventaja el alto numero de individuos relacionado a la carga alimentaria del bioma. Los eliminara o en su efecto los individuos de adaptaran en tamaño propicio a la carga alimentaria del bioma. Es decir muchos individuos de pequeño porte.

Los peces que son liberados luego de haber sido atrapados, pueden sufrir de la pérdida de su capa protectora, de un peligroso exceso de ácido láctico, problemas respiratorios, daño en sus delicadas aletas y boca, dolor, stress y hasta la muerte.

Esta práctica, es una de las mayores revoluciones en el ámbito de la pesca. Lo que nos identifica como mosqueros. Lo que pescamos y matamos, lo que pescamos y devolvemos al medio y mueren; lo que pescamos, devolvemos y que gloriosamente siguen viviendo es mayor revolución que nos movilizó todos estos años.

Como toda practica, requiere y exige atención, aprendizaje y perfeccionamiento. Tirar al pez al agua, dejarlo en el agua….no precisamente e darle oportunidad de vida.

Buscando en nuestra psiquis.

Quizás... la captura traumática del pez, no sea tan solo para él. Quizás la captura y la lucha del pez por liberarse…nos provoquen culpa. Y esta culpa aparece hoy… en nuestras épocas, donde la necesidad de alimentarnos se satisface en el híper mercado. Quizás ese vacío de lógica nos provoque culpa.

Tal que... en este afán de sacralizar la pesca, de convencernos de que ya no necesitamos pescar para mantener a la tribu, hayamos inventado la devolución. Este acto de liberación de inmensa humanidad, es tal vez, la liberación de nuestras culpas, de nuestra ignorancia, de nuestra controversia de dañar, infringir dolor a un ser vivo, sin ningún objeto mas que el de nuestro placer y alegría.

Es parte, y solo tal vez de la una contradicción creativa, como lo sostiene nuestro querido amigo Diván, Gerardo Herreros.

Llegando a la definición. Tesis.

La definición de sadismo, es tal. Queremos creer que el pez no siente dolor o al menos algo similar a él, porque necesitamos que así sea. Es una relación dominador y dominado.

Demás esta ver entre estas líneas que en su definición de sadismo, Nietzsche, sostiene que es el sujeto que infringe dolor a otro y por ello obtiene placer. Hablemos de ello en el contexto que se desee.

También… buscando en nuestras formas, en nuestras costumbres , practicas e innovaciones en cuanto a provocar el menor daño al pez, creamos por ejemplo, el aplastado de la rebaba en anzuelos biodegradables, guantes específicos para la devolución, copos no abrasivos. Quizás conductas suficientes para cuidar la intención de hacer mínimo el daño pero, que no dista o difiere, o cambia si quiera, la conducta ante el dolor del pez. Dolor que tiende al dominio, dominio que lleva a la captura y desde aquí, a su liberación o sacrificio inmediato o lamentablemente….diferido.

Debemos entonces reconocernos primeramente, como interventores en forma negativa en un medio y que nuestra acción en él, le infringe dolor a un ser vivo. Esa es el simple planteo. Pero complejo y oscuro dado la pluralidad de actores y la singularidad de cada uno de ellos.

La toma de conciencia. Las simples acciones...

Ahora ya consientes de ello, deberíamos desarrollar técnicas, actitudes y formas que impacten lo menos negativamente posible. El catch and release, el vadeo no invasivo, la elección de equipos adecuados, el manejo de nuestros residuos, el manejo del recurso salmónido en si, de las aguas, de las actividades… una enorme camino.

La pesca con mosca es una actividad para el pescador enormemente placentera. No así para la trucha y menos para el ambiente. Si emprendemos una jornada de pesca recordemos que el animal al que vamos a pescar es un ser vivo, al que le produciremos al menos un impacto negativo. Pretendamos que este sea el más leve.

Preliminares y Conclusiones.

Sin entrar en el campo de adherir, sugerir o descartar las practicas del catch and ralease o intentar discutir la política del sacrificio suizo obligatorio, dejando a la libertad individual como acto determinante de cada individuo… primeramente, adhiramos y respetemos el reglamento de pesca local, pretendamos que cada uno de ellos adhiera a la veracidad científica; que nuestra incursión en el medio sea consiente de que estamos impactando en forma negativa, logrando que cada acto logre paz, belleza, sanidad y armonía y si en nuestra decisión se halla el sacrificio acorde a reglamento...que esta acción sea ética, limpia y piadosa.

Nuestro consuelo como mosqueros es tal vez...que la pesca es mucho más, que pinchar a un pez, matarlo o liberaldo. Dominarlo o brillantemente que nos domine. Quizás sea mas que mostrar obscenamente una enorme captura boqueando. Quizás... sea mucho mas que eso… o debería serlo. END




Autor: Jorge Aguilar Rech
Colaboración: Darío Pedemonte
Fotografía: Jorge Aguilar Rech, Sebastián Pagano, Pablo Matthews, Samtiam O´Kefee y Todd Mohen
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Revisión: Mario Capovia del Cet.
Fuentes:
Revista Danica, Los Expedientes x de la Pesca con Mosca. Publicación nº 35 de Diciembre de 2.009
Salmónidos en la Patagonia I y II , Daniel Wegrzin y Silvia Ortuvay
Publicación de la UVA a cargo de Facundo Moyano.
Artículos: Fish feel pain. Del libro People for the Ethical Treatment of Animals.
Fishing frequently asked questions. Del libro The Animal´s Agenda.
Publicación de Proceedings of Biology of the Royal Society del Instituto Roslin y de la Universidad de Edimburgo.


BROWN TROUT ARGENTINA.
Copyright 2.011.

Pescando en la Quebrada de los Tamarindos.

Como un contado puñado de salidas, las que se preparan con el tiempo justo, a la rapidez que se escabulle entre nuestras obligaciones y el trajín de principio de año, son las que mas se disfrutan y mejor salen.


El llamado de Pablo Matthews, avisándonos de que los baqueanos estaban listos y que los niveles de arrollo estaban aceptables fue el día miércoles. Para el Viernes de esa semana de enero, ya... estábamos cargando nuestro vehículo y camino al puesto.

Como toda salida, siempre tomamos como cómplice necesaria a la madrugada. La que entre luces de autos, fuxias de la madrugada y mates amargos que son mas sabios a esa hora, nos adentrábamos en la cordillera mendocina.





Podes ver este corto en :
http://www.youtube.com/watch?v=Df-521eAKM0

o podes verlo en HD en: 
http://www.facebook.com/video/video.php?v=1510811489568

Eran las 7:00 am, cuando el programa con puntualidad inglesa, nos habilitaba un buen desayuno en la localidad de Uspallata. A unos kilómetros de ahí...el puesto de Silvio y su familia. Acá, dejaríamos nuestro vehículo y desde acá, nos llevarían hasta el punto cero. El punto era en el camino a la Estancia del Chacay. Desde acá serían tres hora a lomo de caballo hacia el Oeste. 

En el playón, nos esperaban los tres baqueanos. Dueños de mil historias de lugares y encantos de la Pacha Mama. Los caballos rumbeaban hacia el Arroyo El Chacay, que en estas épocas se halla con hinchada ansia.  Siguiéndolo como el perro de don Chiche, Malevo...nos fuimos adentrando en las sombras de las quebradas y embriagándonos de paisajes de Cóndores, zorros y guanacos.


Malevo, perro feo y mal trecho, parecía estar siempre un paso mas adelante de Chiche. Una increíble capacidad para vadear el arroyo, y cumplir con las ordenes que apenas murmuraba su dueño. Sus ojos...increíblemente profundos.

Las horas se pasaban entre el chasquido de herraduras y pedregullo. Entre silbidos de vientos y sombras; entre el encanto y la magnificencia.

Una visión de oasis, nos daba el plano del arroyo Ranchillos Superior. Una tropa de mulas adornaba el paisaje que... a esas alturas de colmaba de Tamarindos  y pastos. Solamente interrumpido por los verdes paños de las vegas.

El aire... cada vez mas raro. si bien estábamos a unos 3.000 m.s.n.m, la estructura de cañadon nos quitaba oxígeno. Entre tanto la puna se iba haciendo mía. Y yo me entregaba sin remedio. Fenómeno extraño este que, por mas recaudos y entrenamiento habido, entra en nosotros ...sin llamar. 

Llegamos al campamento, en el bosque de los Tamarindos. Una pequeña estructura que cortaba la senda entre matas de pasto tierno, el arroyo generoso de agua y tamarindos de tres metros de altura. Los que nos daban bondadosa sombra.

El cenit, llevaba la temperatura al máximo y el aire que a`penas corría, se tornaba cada vez mas cálido y el aire no llegaba.

Los trabajos a pleno de los puesteros, nos dejaban tiempo para acomodarnos y prepararnos para la jornada vespertina de pesca. El fuego siempre amigo, calentaba el viejo latón de agua del arroyo, para un reparados café.

La leña estaba acomodada en abundancia, las carpas tensas y armadas y la improvisada mesa de piedra firme.

Un rápido y frío almuerzo nos daba la voz, de inicio de la jornada. Pero mis ínfulas eras diezmadas por el puso cuando entre mareos y nausea la puna me gana.

A cientos de metros río arriba, camino hacia el campamento intentando recuperar el eje. Marcela, me esperaba, con una sonrisa complice y tras algunos tratamientos de campo, u nas horas de inmersión en el arroyo, me aclimato.

En el proceso, hago algo de observación entomologica. Las piedras claras y mas porosas contenían de a decenas Ephemeropteras de color pardo oscuro, unas pocas de color pardo claro, algunos Simúlidos, ninfas de Coleópteros y Midges. 



Ya avanzada la tarde... Germán Fernandez, había pescado unos 500 metros rio arriba y había solamente registrado dos tomadas muy fuertes. Desde hacia unas horas había pasado río abajo con la intensión de tomarlo desde abajo.



Eran las 17:00 horas, cuando la temperatura del agua marcaba unos 8,7º C, y fui al encuentro de Germán junto a Marcela, mi esposa. 

Cada rincón del arroyo nos mostraba como libro de cuentos, un rincón distinto . Una bella postal. Casi a media hora río abajo, nos encontramos con Germán quien e esas alturas había pescado río arriba.

Decidimos entonces tomar con él pozo por medio. En instantes, Germán captura una Trucha Marrón. La que a lo profundo denota su corte de macho. La lucha comienza en el pozon del pinchazo y termina metros abajo en una suave y accesible ribera.



Avanzo río arriba...intentando buscar el mejor pozo. Hallo en el afán, una estructura de dos pozos consecutivos y en secuencia. Cada uno de ellos...profundos y con axilas arremolinadas y oscuras. El primero de ellos no me respondía. La trucha era evidente que ahí estaba pero no lograba seducirla con mis simples engaños. Los lances cortos pro activos intentaban sin resultados....profundizar una Pheasant Tail Bead Head atada por mi querido amigo Mario Capovia. Avanzo unos pasos arriba, agazapado y entre los pastos tiernos. Posiciono la mosca entre la lengua principal y caña en alto ... pero leader tenso...a deriva natural , ingresando al remolino suave y breve del pozon. La mosca desaparece de mi vista y el tippett desaparece en lo profundo. El leader Duck Torsionado le brindaba un peso extra a engaño y lo llevaba a lo profundo de la estructura. Como una lengua gigante...toma la marrón y salta entre espasmos y arqueadas de hembra potente. La lucha la nota la vara Orvis  Power Matrix #4 en arco. La pelea  baja por el arroyo y la sigo intentando no golpear a mi presa. Metros abajo....una marrón integra y vital se entrega a mis manos. La libero y agradezco el eterno y feliz momento vivido. El instante esperado durante toda la tarde me daba una captura de 800 gramos intensos.




Con inmensa gratitud, y enorme satisfacción, subíamos el arroyo pozon por pozon. Cercano a las 18:30 hs el arroyo continuaba lechoso y una raquítica eclosión de midges, se presentaba. Pero la jornada estaba cerrada.


El fuego se ponía en plano, preparandonos un cordero mamon. Entre brindis y anecdotas la noche cerraba y la luna increíblemente sincera, iluminaba las sendas de la noche.

Los flashes de una tormenta que entraba en el cañon, se animaba apenas por la noche a asomarse. 

En la mañana, como en un caldero, las nubes estaban envalentonadas, y mostrándose entre rayos y truenos. 

La volatilidad de las condiciones en la montaña es factor a observar y respetar. Y así se hizo. Tempranamente el desayuno...nos predisponía a preparar el raudo retorno, escapando de la tormenta. Que a fuerza de amenazas se iba cerrando en el cause superior.

Las cinchas y monturas eran puestas con rapidez en los animales, no habiendo lugar para demoras. 


La expedición se ponía seria y el retorno temprano era un hecho. No se puede arriesgar en estas condiciones. La jornada de la tarde anterior, había sido coronada por algunas capturas, pero las ganas aun seguía de seguirlo pescando. La tormenta que en nuestra marcha de descenso nos mojaba las espaldas... bautizaba la promesa de subir a pescarlo nuevamente. END.



Autor: Jorge Aguilar Rech
Fotografía: Marcela Villar/Jorge Aguilar Rech
Video: Marcela Villar/Jorge Aguilar Rech
Edición: Jorge Aguilar Rech
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Terrestres. El placer de la pesca a la vista.

Cual es la magia que  nos cautiva de aquellos ríos.

Cual es el mensaje que nos hace volver una y otra vez. Algo incontrolable. Quizás...  la tranquilidad de sus aguas, en contraste violento con el salto de esos peces. O la suave brisa entre vuelos de Efémeras. La roca y el agua, el viento y el fuego que yace dormido, aquello que esconde el río. 



Sus palabras, su significado, su historia, su música en sintonía. Tal vez es el contraste, el agua clara y lenta, el silencio y el estruendo de las crecidas, los matices y los brillos. Nos preguntamos mil veces... qué nos atrae de aquellas tierras... que nos atrae de esos ríos.


Tal vez es que poca presencia de humanos. Tal vez es la soledad. 


Es ahí donde podemos encontrarla. Creo… que es un juego.  Uno de los más difíciles y ancestrales.  El de ser cazador con una caña de mosca y un par de plumas sobre el acero. El juego de evitar los errores porque no hay elemento que los disimule, el de acechar a la presa y a la vez ser acechado.


Creo que es ahí, donde se conoce a la persona, a la nuestra. Como pescador, donde encuentro mis instintos, la verdadera esencia de intentar engañar a un pez con apenas un puñado de plumas y pelos. Combinados en el arte de imitar,  lo que come un pez día a día... en su medio.


La tranquilidad del agua hoy me deja pensar. El granito interrumpe el largo camino de las hormigas que  se cuelgan de las paredes, la gravedad les gana y caen al río. Son apenas segundos, tal vez... menos.  Lo suficiente como para interrumpir mi pensamiento, con  la furia del rise. 


Definitivamente lo que me atrae es el equilibrio dinámico.  El juego entre  la razón y lo irracional. Simplemente el contraste. Es en esos lugares donde la calma se interrumpe por completo y otra vez vuelve para quedarse por unos minutos más en total silencio.


Son muchas las capturas,  varios los años desde la primera vez que coloque el mágico puñado de plumas en el agua. En aquellos días... sin saber nada y hoy, conociendo aún menos, varios momentos me han quedado en el alma. Hay algunos que se destacan. Quizás una captura, el momento previo, la elección de una mosca, el color del agua o toda una jornada. Momentos inolvidables que quedan en la mente para volver a recordarlos en los relatos o como experiencia aplicada,  para resolver problemas en el río. 


Un Noviembre del año 2.010, principios de temporada en la Provincia de San Luis, República Argentina. Día nítido, sereno y templado. Las condiciones ideales en esas latitudes. Llegamos al Río Grande de San Luis, unos kilómetros aguas abajo de Las Verbenas, en el Valle de Pancanta. Las aguas lentas, los pools y los torrentes en el fondo del valle en V, ingiriendo la roca desgastada en el tiempo. Zigzagueante entre los bloques, pierde la calma al fondo y se interrumpe en el horizonte.


Tres pescadores en un contexto descomunal, el silencio y nosotros entre risas, historias la propia soledad que tanto anhelo de este ambiente...cruzamos el bosque de álamos para adentrarnos sin respiro... a la pesca con mosca.  El río que se toma el tiempo, no nos dio esa variante para nada. Inmediatamente entraron en acción las varas. Mi caña número dos, y mi instinto cazador intentaban una captura con ninfas, solo algunas suaves tomadas que burlaban la suerte, sin saber que río abajo... a pocos metros, una danza de terrestres realmente me haría feliz durante todo un día. 


La disponibilidad de insectos acuáticos en este sector del río, es realmente escasa, por motivos de erosión hídrica, arrastre y denudación del lecho, solo algunos pools profundos y sectores localizados preservan vegetación acuática que sustenta la carga biológica. 
El río en este sector de ritrón, no presenta una importante población de insectos acuáticos y si los hay, muchos de ellos como las Efémeras  son muy reducidas en tamaño.
Atendiendo a estas características, los insectos terrestres que son abundantes en épocas o días calurosos, son muchas veces la principal dieta de los salmónidos de estas geografías. Todo un día entre Hopper, Coleópteros y hormigas, es el lujo que pocas veces nos podemos dar, y más en aguas calmas. 


Observar es lo primero. Distinguir las hormigas sobre el granito, las langostas escasas en los pastizales, y los pocos escarabajos. 


Pensar que,  la oportunidad de un pez de atrapar una terrestre en esta época es baja y,  no perderá un solo minuto en hacerlo. 


 El color es primordial, la textura y el comportamiento es la clave; después elegir la mosca que más simplemente lo imite, y así el leaders en este caso uno de 9 pies con un tippett 5x. Pensando en el filo de las rocas, en la fuerza y el importante porte de los peces que buscaba en esas aguas y que de hecho están y que ya habían cortado un 6 y 7 x en aquella mañana. En un principio el brillo del tippett molestaba por completo y las tomadas eran esquivas, inmediatamente busque en la rivera las finas arenas que el río deja, y entre los dedos la pasé sobre el tippett, para sacarle el brillo que me molestaba. 


Desde ahí... las capturas  fueron implacables. Hermosas Arco Iris que encontraban los 500gr. a los 1200gr.  El placer de pescar con terrestres, es ver a esos peces subir desde lo profundo convencidos que lo que ven realmente es un insecto, el placer está ya no en capturar al pez entre nuestras manos, sino sentir que nuestro engendro de pelos cayó al agua con la realeza de un natural, porque la etapa previa a que se posara estuvo lo mejor realizada posible, una verdadera satisfacción. 

Los pools territorios desconocidos. Incitar a subir un pez desde la oscura profundidad de su lecho.


Desde 2, 3 y 4 metros, es realmente una prueba.  Luego experimentar la paciencia de las truchas en cada subida lenta y adrenalínica así tal cual como su medio.


Tengo esas imágenes en mi retina, a esos peces ir por mi mosca, una Hopper... un escarabajo;  pero en todos los casos su atención sería llamada con un pequeño ruido de mi imitación al caer. La extrema presentación de una imitación de Efémera, en estos casos no responde al comportamiento natural de un terrestre. Estos caen, los otros se posan casi en vuelo.


Los terrestres al caer perturban suavemente el medio, con un pequeño sonido, más aún si se trata de un escarabajo o una langosta.


En aquel día... escondido de los peces, en la posición más cómoda posible, posiciono mi Hopper suavemente en el agua. Los peces por debajo no percatan de su presencia. Levanto suavemente y vuelvo a castear. La Hopper golpea el agua. Una hermosa Trucha Arco Iris que visualizo en lo profundo... a unos 2 metros, se da cuenta y sube... lentamente con la boca abierta. La adrenalina corre desde el tippet a mi cabeza. No puedo creer lo que veo.


Finalmente, la energía del rise se trasmite por mi línea hasta mi mano. El impacto es tremendo,  fuerza descomunal de un pez que escapa en una corrida eterna. Interminable en su momento, el chillido de un reel agotándose, una función cuadrática en mi vara,  el salto de un pez incontrolable, y la Arco Iris en el aire.


Quien pudiera frenar el tiempo en aquel día. El tiempo es  implacable  y no puedo detenerlo.  Intento que el recuerdo...permanezca, y queda en mi corazón y en mi mente.
Un día inolvidable. Danzando con terrestres... un solo día, me di cuenta de que se trata la pesca con mosca. 


La oscuridad de la tarde cae en la quebrada que apenas borra la imagen de la sierra. El brillante plata del río, profundo, lleno de historias y pisadas. 
Como en cuento de hadas y duendes... el río encanta, atrae, consuela... Solitario y perdido, como si quisiera que alguien cuente de él. END





Autor: Sebastián Pagano
Fotografía: Sebastián Pagano
Edición: Jorge Aguilar Rech
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Copyright 2.011.

Pescando en el Picheuta. El Arroyo libre.

Las aguas del Picheuta hablan de libertad. Hablan de luchas de la historia, de bravos y batallas. De indios... de criollos y foráneos. Son aguas que no se inclinaron a la apropiación de los arrogantes y cuatreros. Aguas libres.



Que mejor que pescar sus aguas, con total sentimiento y,  dando esa libertad sana a nuestras capturas. Capturas sin tamaño, capturas sin dueño, capturas humildes pero grandiosas por dentro.


Esa mañana... el espejo retrovisor,  manchado de lluvia...me remontaba a las épocas donde habíamos sido corridos del Picheuta. Me ardía el recuerdo pero...me hinchaba el pecho el sentirlo libre. Hoy quizás sus aguas, estarían igualmente hinchadas. Las tormentas del verano habrían aumentado su caudal y acentuado sus colores.


Pero el camino raudo, se metía debajo nuestro. Veloz, implacable e inapelable. Sintiendo en el afán, solamente el chasquido de la lluvia de la mañana.


El cielo se caía por momentos. La lluvia no cesaba. Cuando el silencio colmó la sinfonía del tránsito... habíamos pasado la localidad de Uspallata, hacia el oeste. El valle cordillerano se habría serio, pero seco.


El diminuto cartel verde vialidad, nos denunciaba; Picheuta... a secas. Nos indicaba bajo él, un arroyo hinchado como el presagio. Lechoso...y apenas pescable. Pero fuimos bienvenidos. Como cuando se llega a una casa del campo sin avisar... sin ser esperados. Nunca nos sentimos incómodos.





Podes verlo en HD en:
http://www.youtube.com/watch?v=yLafp7F_DJk

Sabíamos las condiciones pero después de tanto andar, la apuesta estaba hecha y las botas calzándose en nuestros pies. 


Desde arriba, su lengua esmeralda bajaba, haciéndonos dudar, pero ahí estábamos. Mientras en el fondo del plano del paisaje, las montañas se esfumaban entre el vapor y la lluvia que se avecinaba.


Sebastián se posicionaba primero, en el borde del arroyo; haciendo algo de observación entomología. Descubre varios Efemeras bajo los clastos. Comienza atando a su 6x,  una Pheasant Tail en anzuelo # 14, presentándola agazapado y up stream. Varios cast pro activos, posicionaban la mosca en forma exacta y casi perfecta. Quitando el drag y de la visión  de la trucha pretendida, la línea. La que a esa altura tomaban tímida y reiteradas veces.


Nicolás... unos metros abajo del curso, caña en alto... trabajaba una estructura interesante. También acá, las tomadas de las truchas eran tibias. La temperatura, era aun baja, sumado a la alterada estructura y escasa visibilidad. Era muy lindo, el ver a mi hijo en comunión con el arroyo. Sentado, ahí, junto a él. Calmo, escuchando y observándolo todo. Intentando hacerse uno.


Unos cientos de metros mas abajo, los gusarapos me seguían el paso. Buscaba un canal, un run más amplio... y, la búsqueda me daba resultados. Las truchas habían buscado la profunda protección del limo. Mi Orvis TLS Power Matrix 704,  #4 Mid Flex, estaba armada con un Líder Torsionado Duck, y un tippett  6x, fluoro carbón. Presentaba una Pheasant Tail en #14. Una Arco Iris de unos 400 gramos, saltaba enérgicamente. Venía a mis pies desesperada e ignorante...mientras intentaba devolverla a agua lo mas antes posible. 




Ese es el secreto... que susurran nuestros arroyos mendocinos... el diálogo, la salvaje conexión con el pez, con el entorno. El tamaño es una característica y no un objetivo. Acá no hay obscenidad, solo el equilibrio entre el pescador y la presa. Acá las grandes... son chicas. El alimento es escaso y los requerimientos energéticos... muchos.


Más abajo...las capturas eran de mayor tamaño, mientras en consecuencia el hábitat iba cambiando. Las aguas y el ritmo del arroyo eran mas laxos y extensos.


Pablo Pagano, hermano de Sebastián, capturaba a esos minutos una Marrón de unos 500 gramos que lo llevo unos metros arroyo abajo. Siendo la captura mas grande de la jornada.


El vientre alojaba decenas de truchas grandes. En un promedio de 600 gramos. Las que bailaban en el agua lechosa y jugaban con nuestras moscas.


Un pozón llamo mi atención, casi al llegar a la juntura con el Río Mendoza. Agazapado entre los pedregullos intento acercarme. Por segundos, me enfoco en penetrar el gris del agua.  Tomo mi ninfa y la derivo en forma natural. Hacia la cola y previo a una gran piedra, sale desde el confín... una esplendida trucha Arco Iris de 1 kg.  que toma mi Pheasant Tail y tras comprometidos saltos se zafa y huye. Espero segundos y dejo secar el versátil leader torsionado de Duck, encerándolo abundantemente. Estiro mi tippet a unos 100 centímetros en 6x fluoro carbón y ato una seca. Una mínima Black Ant en alambre #16. La subida voraz... de la Arco Iris fue secundada por una mediana de no más de 500 gramos y otra mas pequeña al inicio del micro pool.  Estaba superpoblado.


Llámo a Sebastián para compartir la experiencia. cediendo el poso, ata una Grass Hoopper en anzuelo #14. A instante le sale a tomar una Arco Iris de medio kilo y tras los espasmos típicos, de las truchas que saben... se escapa.




El día se termina temprano. La nubes gordas y brillantes le ganaron a la quebrada y las gotas de la tormenta los apuraban a volver. A latigazos de truenos y relámpagos, desandábamos la senda y desarmábamos las varas de carbón.


Salimos así... primera baja, de la quebrada del Picheuta, antes de la inundación prominente. La ruta nos hallaba mojados, contentos y satisfechos. Convencidos de que nuestras truchas no tienen tamaño... nuestros pescadores, sí.  Mientras la sorpresa de la granizada nos pintaba de blanco las historias. END




Autor: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Jorge Aguilar Rech, Nicolas Aguilar, Sebastian Pagano.
Video: Jorge Aguilar Rech, Nicolas Aguilar.
Edición: Jorge Aguilar Rech.


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